
A Iquitos, en pleno centro de la selva, no se puede llegar por carretera. O llegas en avión, o en barco. Naturalmente mejor esta segunda opción, ¿que mejor forma de entrar en el corazón de la selva? Son tres dias de navegar por el rio y empaparse del ritmo pausado y tranquilo del barco. Y empaparse de sudor también, porque el calor aprieta que no veas, hasta dejarte completamente fundido.
Horas y horas de estar tumbado en la hamaca, viendo la orilla deslizarse lentamente por el horizonte.
Vida en el barco:


Aunque el rio aún no es el Amazonas (lo será poco antes de Iquitos), ya es enorme, unos doscientos metros de ancho. De vez en cuando paramos en algún poblado, momento en el que somos asaltados por vendedores de fruta fresca o pescado frito. Los poblados son siempre caóticos, elevados sobre una orilla abrupta, y no hay muelle para que se acerque el barco, este simplemente embarranca en la orilla ya que la proa es plana.
Vida en el rio:
El resto árboles y más árboles. De vez en cuando asoma algún poblado o una cabaña perdida entre el bosque, con su correspondiente canoa “aparcada” en el rio.
Ahora es temporada seca y el rio va bastante bajo. Eso significa que en cualquier momento el barco se puede quedar encallado. Ocurrio justo antes de que lo cogieramos para ir desde Lagunas a Iquitos (después de nuestra excursión por la selva). Lástima que no fuera después, casi que tenia ganas de seguir meciéndome en la cubierta...





Me encantan las fotos de esta entrada! Transmiten mucho.....esos atardeceres, la vida en el río....
ResponderEliminarLeo y veo las fotos y, como siempre, estos cuentos estan meravilloso :)
ResponderEliminarQue disfrutes tambien para nosotros!
Un saludo y un abrazo dall'italiano di Madrid :))
Paolo
Oye, un crucerito en ese barco mola mucho. ¡Cuánta vida se desprende! Y sí, coincido con Rosa en que las fotos son geniales por lo que transmiten.
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