jueves, 30 de diciembre de 2010

La W a las Torres del Paine


Uno de los platos fuertes del viaje a Patagonia es sin duda el treking al archifamoso parque de las Torres del Paine.

Ya desde Santiago me habia ido encontrando viajeros que venian de hacerlo, y la expectación era cada vez mayor. De los que ibamos en el ferry de Navimag, gran parte ibamos con idea de hacer el treking, los más ambiciosos el circuito completo, los demás la W, más asequible.

El treking de la W se puede hacer de mil maneras, al gusto de cada uno: de Este a Oeste, de Oeste a Este, yendo a refugios tirando de tarjeta de credito, o con tienda en plan mula de carga. Como no, este ultimo seria mi estilo, recordando viejos tiempos. Despues de experiencias anteriores de trekings guiados, esta vez tenia claro que queria ir en autonomia, sin estar condicionado por refugios. Asi que ir con tienda era eleccion clara, a pesar del peso que supone. Ya me habian advertido de que aunque está muy trillado, no es ningún paseo. Mi rodilla lo comprabaria.

Gracias a los consejos de gente que ya lo habia hecho, fui dando forma a como hacer el recorrido hasta encontrar, despues de mucho darle vueltas, la cuadratura del circulo. Es siempre el mismo proceso, te empollas el mapa, los tiempos, los sitios buenos... hasta que al final ya te lo sabes de memoria y poco a poco todo va encajando como un puzzle. Más tarde, ya en Puerto Natales, la charla que organiza la gente del Erratic Rock (un hostel con tienda de alquiler de material también) vino a confirmar las etapas elegidas, aunque con alguna sugerencia interesante.

Andrés finalmente se apunta a hacer el mismo recorrido, iremos juntos pero cada uno con su tienda, para tener autonomia. Son cinco dias y cuatro noches, dos de las cuales son al lado de refugio, para aprovechar las cenas y cargar algo menos de peso.

Para acercarnos al punto de inicio cogemos el catamarán que va al refugio de Paine Grande. Como principio no puede ser más espectacular, nada más empezar a navegar las montañas de Los Cuernos despejan un poco y asoman por detrás del lago de color azul lechoso. Nos pasamos todo el trayecto en la cubierta, con un viento tremendo, pero disfrutando del momento. Por más que uno lo haya visto mil veces en fotos, no tiene nada que ver verlos en directo. Orgásmico.


La primera etapa hasta el refugio del lago Grey es por bosque de lengas, idílico. A mitad de camino se abre en un mirador sobre el glaciar Grey. El panorama es espectacular, el viento también. La zona de acampada junto al refugio es también de ensueño, al borde de un lago con algunos icebergs flotando.

Caminando por el bosque de lengas

Alucinando con el viento en el mirador del glaciar Grey

Glaciar Grey, desde el mirador del Campamento Los Guardas

Disfrutando de la vista desde la tienda

La sufrida Marmota, lista para la acción

El clima no está tan mal, por las mañanas hace frio pero el resto del dia la temperatura es sorprendentemente cálida. Unicamente pillamos lluvia el segundo dia, aunque es justo en uno de los tramos donde mejor vista de Los Cuernos se debe tener, lástima. Pero no se puede tener todo.

Al treking se le llama de la W porque hay tres valles que entras a recorrer, volviendo por el mismo sitio. El tercer dia toca el valle Francés, uno de los platos fuertes del recorrido. Vamos babeando con la vista de los glaciares, que llegan muy abajo aquí, y con el espectáculo de constantes desprendimientos y aludes. Y al otro lado paredes verticales de granito cerrando el valle.

De relax frente a un lago en uno de los pocos ratos sin viento

El cuarto dia ya amaneció con el protagonista del dia dando guerra: el viento. Sea cual sea el clima una cosa es segura en el Paine: soplará fuerte en algún momento. Y ese dia nos dio una buena muestra de ello. Desde la tienda, ya a primera hora lo oias llegar, como un rugido de trenes que se va acercando hasta pasarte por encima. Luego calma, hasta que volvia a empezar la siguiente oleada.

Ese dia tocaba atravesar por zonas bastante abiertas, y fue brutal. Vapuleado por rachas huracanadas, las piernas y las rodillas sufrieron de lo lindo ese dia para mantener el equilibrio; a más de una tiró al suelo, con mochila y todo, sin poder luego levantarse de lo fuerte que soplaba. Pero ya fue impresionante al cruzar el paso para llegar al refugio Chileno. Andrés, que sabe de mar y de vientos, hablaba de más de 120 km/h, yo solo sé que contra ese viento era casi imposible avanzar.

Nuestros colegas, la pareja de irlandeses, peleando contra el viento. Imposible que la foto no saliera movida!

Esa noche es Nochebuena, y la cena nos toca en el Campamento Torres. No está nada mal el sitio, y ademas nos cuidamos bien: vino que un francés y un americano han bajado corriendo a buscar al refugio, pasta, buen queso, y chorizo ¡español! reservado especialmente para la ocasión... y como no, muchos recuerdos de la familia.

Campamento Torres

Nuestra cena de Nochebuena...

...regada con buen vino de brick

El 25 de Diciembre, Navidad, es nuestro último dia de treking. Antes de que amanezca subimos para intentar ver los primeros rayos iliminando las Torres del Paine, que toman un color rojo espectacular. Pero no hay manera, amanece con una nube anclada en las cimas. Gracias al consejo de los de Erratic Rock, subimos sacos y ropa de abrigo, asi que nos metemos en un vivac a dormir un rato y esperar. Finalmente abre un poco, lo justo para hacer algunas fotos, pero vuelve a cerrarse asi que nos bajamos.

Esperando el amanecer

El impresionante circo de las Torres del Paine, con su lago glaciar debajo

Las Torres del Paine

La bajada se hace rapida, entre otras cosas porque no queda ya comida, salvo algun sobre de sopinstant como desayuno, y una barrita energetica para el resto del dia (si que ha estado ajustado el cálculo de comida, si).

Haciendo el indio en el punto en que el dia anterior no se podia ni estar de pie

El dia esta despejado, y al ir a coger el bus de vuelta surge la idea de por que no aprovechar un dia tan bueno para ir a despedirse del parque con una de las mejores vistas que hay, desde el camping del lago Pehoe. Asi que en lugar de volver a Puerto Natales, cogemos el bus en direccion contraria, hacia el interior del parque de nuevo.

Y no defrauda. Flipamos con las vistas, es el final perfecto, no puede ser mas espectacular. Es de esos sitios que, como alguien dijo, uno eligiria para ir a morirse.

Pero son las 5, no hemos comido nada en todo el dia, y para nuestra decepción el restaurante esta cerrado. Hablamos con el tio, lloramos un poco, y finalmente nos saca una lata de atun con un poco de pan, que sentados allí, con esa vista, es el mejor bocadillo de atún de nuestra vida. Menudo final.




martes, 21 de diciembre de 2010

El ferry de Navimag

Después de cómo una semana en la isla de Chiloé, llegó por fin la hora de bajar a Patagonia. Tanto tiempo anhelando ir. Y coincidiendo con mis 6 meses de viaje, cojo un ferry en Puerto Montt para bajar al Sur.

El volcan Osorno y el Calbuco, desde la bahia de Puerto Montt

A Puerto Natales, en la Patagonia Chilena, solo se puede llegar desde Chile por avión o por mar, y que mejor forma que hacerlo en barco recorriendo los fiordos durante tres dias. Un momento, tengo un deja vu, claro, como a Iquitos, en la Amazonia peruana! Aunque el paisaje aquí no tiene nada que ver, está casi permanentemente cubierto, llueve y hace viento. Pero a pesar de eso me quedo con este paisaje de montañas.

De las dos empresas que realizan el recorrido, solo Navimag tiene un precio accesible. No es que sea barato, 480$ por tres dias y tres noches, pero la experiencia promete ser interesante. Antiguamente eran solo buques de carga, en los que de vez en cuando embarcaba algún pasajero, pero poco a poco se fue corriendo la voz entre los viajeros, y los de la empresa vieron el filón. Ahora tienen dos ferrys realizando la ruta, el Evangelistas es el mio.


La vida a bordo no está mal, toda la vida social se realiza en un gran salon comedor donde tambien hacen dos charlas diarias y proyectan peliculas por la noche, y en el salon bar de arriba. También hay una gran cubierta, pero con el tiempo que hace no hay quien pare allí mucho tiempo. Un buen sitio es el puente de mando, donde te dejan pasar y cotillear, hasta sentarte en el asiento del capitán. Cuando hace mal tiempo es de los mejores sitios para estar y ver como va evolucionando el barco.

La mayor parte de la travesía es por los fiordos, a resguardo del océano Pacífico. Excepto el segundo dia, que se sale por la tarde a mar abierto para atravesar el Golfo de Penas. Nos dijeron que habia sido de las más tranquilas, pero el mareo al bajar a los camarotes estaba garantizado. En esta parte se puede ver bastante fauna, algunos delfines y grupos de focas o nutrias marinas cerca del barco.

Rompiendo olas

Fiordos

Los restos del Capitán Leónidas

En Puerto Eden no se para en todas las travesias, pero tenemos suerte y en esta toca. Una suave llovizna nos acompaña mientras desembarcamos en lanchas de pescadores y damos un paseo por pasarelas en la isla. Puerto Edén es un pequeño puerto, el único pueblo en 650 km. Sitio verdaderamente remoto, solo accesible por mar, aqui solo se puede vivir de la pesca, principalmente de la centolla, y de la venta de artesania a los pocos turistas que llegan en barcos como el nuestro. Conviven unas 100 personas, con algunos de los pocos descendientes del pueblo Kawéskar.

Puerto Edén

Montaña de cascaras de mejillones

Patrón de los pescadores

Pathwork de hojalata

Pescador

Vamos por uno de los fiordos, y de repente me doy cuenta de que el color del agua ha cambiado claramente a gris lechoso, señal de que estamos en zona de glaciares. Al rato avistamos la enorme masa del Pio XI, el glaciar más grande de Sudamérica. El barco se queda como a un kilómetro, pero aún así se aprecia lo tremendo de sus dimensiones. Y el viento helado procedente del campo de hielo patagóncio, que está justo detrás.

Glaciar Pio XI



De los puntos fuertes es el paso de la Angostura White, realmente impresiona ver como manejan el barco por un paso de 80m de ancho, en curva, y con una tremenda corriente en contra. Parece que nos vamos a estrellar contra las rocas, pero en el ultimo momento viran todo a estribor y pasamos limpiamente.

Puerto Natales nos recibe con tiempo... patagónico: llueve, sopla viento, sale el sol, todo al mismo tiempo. Bienvenido a estas latitudes, mas de 50º, donde amanece a las 4.30, y hay luz hasta las 11 de la noche, para volverse loco.

Con Andres, valenciano a quien conoci en el ferry (aunque ya le habia visto por Chiloé), salimos al dia siguiente a por la visita estrella de la zona: Las Torres del Paine, del que todo el mundo me ha hablado maravillas.

miércoles, 15 de diciembre de 2010

El valle de Cochamó

A más bien habria que decir Cochamo´s Adventure Trip.

El valle de Cochamo es descrito en la guia como el Yosemite Chileno, un valle rodeado de impresionantes paredes de granito. Con semejante descripción ¡habia que visitarlo!

Para ir a Cochamo nos juntamos un grupo de siete, y como suele ocurrir muchas veces en los viajes, por generación espontánea. Yo queria ir, Anna, compañera de aventuras en un descenso de barrancos en Puerto Varas, se apuntó, y luego otra chica alemana... y luego otra... y luego otro par más... Vamos, que al final nos juntamos para ir alli cinco teutonas y yo.

Lo que para alguno parecerá una situación paradisiaca (umm, tú solo con cinco tias por ahí perdido durante tres dias!), para mi no lo era tanto (no soy tan avaricioso y con dos o tres me basta ;-)). Meterme con cinco desconocidas en una zona de montaña remota... uf, mi sentido montañero me advertia de peligro. Mientras esperábamos en la parada del bus llegó otro tio que tambíen iba para allá; en cuanto empezó a hablar en inglés me dije “este es de mi tierra”, y así era, Iñigo el pamplonica.

Y ya eramos dos españolitos alli, como Don Quijote y Sancho Panza (no especifico quien es quien), en plan “más mire bien mi señor Don Quijote, que no son molinos de viento sino cinco alemanas, y además una de ellas de Baviera!” (es una coña para mis amigos alemanes, los de Baviera tienen fama de "especialitos", como los catalanes o algo así).

Y asi nos juntamos los siete magnificos.

El grupo a la entrada del valle

Lo de adventure trip viene porque aquí ya estamos en Patagonia, y por tanto nada que ver con los trillados senderos europeos. Para empezar, 5 h por camino de barro. Y cuando digo barro, me refiero a barro de verdad, del que metes el pie hasta la rodilla. Asi que cinco horas de ir sorteando charcos enfangados en medio de un bosque húmedo. Y todo porque para moverse por aquí utilizan mucho caballos, y de tanto pasar revientan los senderos; hasta el punto de que han creado verdaderas zanjas por donde va el camino, de hasta 2 m de altura, y en las que una vez que entras no hay escapatoria posible.

Todo muy entretenido, trepando, cruzando rios de todos los modos posibles: por troncos resbaladizos, descalzandose (las menos), por pasarelas... el remate viene cuando para llegar al refugio hay que cruzar el rio principal por una oroya (recordais lo que era una oroya, no?), o sea, una tirolina con un carro. Divertido, acojonante para alguna, pero como lo tuvimos que hacer cuatro o cinco veces, al final ya eramos casi unos expertos.

El invento en cuestión

El pesao de las fotos (foto de Anna)

Cruzando el último dia. Tras el diluvio de la noche anterior el rio
baja muy crecido, tanto que casi se toca el agua al pasar.

El primer dia fue con un tiempo espectacular, de los que son raros en la zona. Llegamos por fin al refugio, que resultó ser algo así como la cabaña soñada por muchos de nosotros, en medio de un sitio espectacular, muy acogedora, toda de madera, y con una terraza-galeria estupenda, para quedarse alli contemplando las montañas horas y horas.

La galeria-terraza del refugio

Al dia siguiente hicimos una excursión para subir al Cerro Arco Iris, que debe tener unas vistas fabulosas, pero a mitad de camino hay un par de pasos de subir por una cuerda, y ademas el dia ya amenazaba lluvia, asi que nos dimos media vuelta. Todo por un bosque exótico, mezcla de enormes árboles tipo secuoya, y bambú (pero esto no era Patagonia? como es que hay aquí tanto bambú??). Tuvimos tiempo para visitar una cascada cercana, bañito incluido, y llegar al refugio justo cuando empezaban a caer las primeras gotas.

Subiendo al cerro Arco Iris

Paredes de granito

Cascada. Premio para el que vea la cara del genio del agua (y no está trucada!)

La verdad es que formamos un grupo estupendo, repartiendonos para buscar el camino, compartiendo la comida, o jugando por la noche en el refugio. Buena gente estas alemanas. Yo me partia de risa con el pamplonés, además del gustazo de poder decir cosas como “que gusanillo tengo” ¡y que te entiendan!

Volviendo en una pick-up

No sé si compararlo con Yosemite es justo, pero el sitio merece una visita. Sobre todo por alojarse en ese estupendo refugio y disfrutar de la tranquilidad y las vistas, verdaderamente inspirador.

Más fotos, en flickr: Valle de Cochamo