sábado, 28 de agosto de 2010

En barco hasta Iquitos

(Como siempre las entradas van acumulando cierto retraso, esta se corresponde con hace unas 2 semanas)


A Iquitos, en pleno centro de la selva, no se puede llegar por carretera. O llegas en avión, o en barco. Naturalmente mejor esta segunda opción, ¿que mejor forma de entrar en el corazón de la selva? Son tres dias de navegar por el rio y empaparse del ritmo pausado y tranquilo del barco. Y empaparse de sudor también, porque el calor aprieta que no veas, hasta dejarte completamente fundido.

Horas y horas de estar tumbado en la hamaca, viendo la orilla deslizarse lentamente por el horizonte.

Vida en el barco:


Aunque el rio aún no es el Amazonas (lo será poco antes de Iquitos), ya es enorme, unos doscientos metros de ancho. De vez en cuando paramos en algún poblado, momento en el que somos asaltados por vendedores de fruta fresca o pescado frito. Los poblados son siempre caóticos, elevados sobre una orilla abrupta, y no hay muelle para que se acerque el barco, este simplemente embarranca en la orilla ya que la proa es plana.

Vida en el rio:
El resto árboles y más árboles. De vez en cuando asoma algún poblado o una cabaña perdida entre el bosque, con su correspondiente canoa “aparcada” en el rio.

Entreteniendo a los locales mientras esperamos el barco en Lagunas

Ahora es temporada seca y el rio va bastante bajo. Eso significa que en cualquier momento el barco se puede quedar encallado. Ocurrio justo antes de que lo cogieramos para ir desde Lagunas a Iquitos (después de nuestra excursión por la selva). Lástima que no fuera después, casi que tenia ganas de seguir meciéndome en la cubierta...

miércoles, 25 de agosto de 2010

Annemieke, reina del Amazonas

Después de Chachapoyas, Annemieke se apuntó a venir al Amazonas conmigo. Como a mi, le intimidaba el viajar hasta allí sola, asi que unimos fuerzas. Annemieke es holandesa pero lleva viviendo en Canada desde hace mas de 20 años, asi que nos comunicamos en inglés un dia, en español otro. Claro que eso es la teoria, al final hablamos uno otro según quien está más cansado, o nuestro spanglish particular.

En el primer dia de la travesia en barco a Iquitos conocimos a Christelle, canadiense pero francófona. Ella iba a hacer también un tour de cuatro dias por la selva, pero partiendo de Lagunas, un pueblo que está al principio del viaje en barco, en la parte más virgen del parque Pacaya Samiria. Y decidimos cambiar de planes y apuntarnos.

Así que ahora estamos los tres viajando y creando un nuevo lenguaje, español-inglés-francés, más mezcla de sonidos y de gestos. Es muy divertido para expresar por ejemplo que quieres ir al baño... te entienden hasta en China, fijo.

Por fin empezamos nuestra aventura por la selva. La mayor parte del tour consiste en recorrer en canoa un pequeño y sinuoso rio de la reserva, junto con alguna excursión caminando y un paseo nocturno por el rio para ver cocodrilos. Vamos en dos canoas, la nuestra la llevan dos guias, con nosotros tumbados o sentados en el fondo. Muy placentero, pero al cabo de unos dias, te pongas como te pongas acabas con el culo plano. Aparte de que ir tumbado viendo las copas de los árboles mientras navegas está muy bien para un dia, pero yo necesito más actividad. Y probablemente menos gente si lo que quieres es ver animales.

Annemieke es como Catherine Hepburn en La Reina de Africa, siempre bien vestida, porte aristocrático. Yo no soy tanto como Humphrey Bogart (borracho y desaliñado), claro, ni nuestas canoas son como el desvencijado barco de la película. En realidad acabamos pareciendonos más a Tarzán, Jane y Chita, trepando por todas las lianas que vemos cuando entramos andando a la selva.

Al principio te venden el tour como que ves mucha fauna, pero una vez dentro ya te van desvelando que si lo que quieres es ver fauna de verdad (jaguares, cocodrilos grandes, anacondas...) entonces tienes que prolongar el tour, quedarte más dias y entrar más adentro del parque. Que cucos. Aún así no está mal, estar en un pequeño laguito dentro de la selva con delfines nadando alrededor es una pasada, lo mismo que ver cientos de ojos de cocodrilo (la mayoria crias) brillando en la oscuridad cuando iluminas con el foco. Pero yo me quedo con ganas de otra cosa, me da envidia un americano que conocimos en el hotel que habia estado 12 dias, viendo incluso otorongos (ahi lo dejo para que investigueis). Aunque no tengo dias ni presupuesto para tanto.

Claro que también es divertido enterarte que en la poza donde te has estado bañando, después de que los guias te digan que no hay peligro, hay pirañas de tamaño bien hermoso. Pero ellos dicen que no pasa nada... mientras no tengas una heridita sangrando por ahí... que cachondos, ya podían avisar antes.

A la rica piraña

Pero lo más divertido son los mosquitos. Divertido para ellos, claro. Da igual lo que hagas, te acaban picando. Yo deje de contar a partir de la vigésima picadura en cada pierna. Tratas de aguantar con ropa larga, pero a mediodia es imposible. Además parece que no hay, desde luego no los ves, pero a cualquier hora te frien. Y el repelente, ja. Yo creo que los más grandes huelen el repelente y dicen “umm, con gustito picante, como a mi me gusta”. Y eso que es temporada seca y según los guias no hay apenas; no quiero ni pensar en la húmeda!

Welcome to the jungle!

Más fotos en Picasa: Pacaya-Samiria

sábado, 21 de agosto de 2010

Schubet

En Chachapoyas (vaya con el nombrecito) conoci a Robert y Devi, una pareja de americanos, durante una excursión organizada a los sarcófagos de Karajia y una cueva. La excursión empezó siendo un desastre, el conductor no se sabia la ruta y se perdió (nos perdimos) unas 2 h por pueblecillos y pistas de tierra de las bacheadas. Pero gracias al buen rollo que teniamos conseguimos positivizar la experiencia y pasar un dia realmente bueno.
Sarcofagos de Karajia. Lo que se ve arriba son calaveras, para haceros una idea de la escala.

Al dia siguiente conocí a través de ellos a Annemieke, una mujer holandesa que ya llevaba como un mes por la zona, visitando antiguas ruinas. Todos ellos comparten un cierto rollo místico-espiritual, y creen que nada ocurre por casualidad. Sea como sea, unimos nuestros destinos por unos dias. Annemieke nos habló de una excursión a la montaña más alta de la zona, Schubet, montaña sagrada de los antiguos Chachapoyas, los que habitaban la zona antes de la llegada de los Incas. Y allá que decidimos irnos los cuatro, con idea de acampar una noche.

Los cuatro fantásticos

Pancho I cargando a Pancho II. Juro que la cara de pena de Pancho II era real, pobre!

Paisaje lleno de formaciones rocosas en las que dejar volar la imaginación, y una montaña que es como un castillo de piedra, aparentemente inexpugnable. La subida a la cima es una mezcla entre trepadas y abrir camino con machete. Subimos al atardecer. Arriba es una meseta en cuyo extremo hay algunos restos de construcciones preincas casi sepultadas por la vegetación, y rocas con petroglifos de símbolos sagrados, por el carácter religioso de la montaña. Y todo rodeado por paredes verticales de más de 200m.


Piedra con petroglifos, junto al borde del acantilado

Petroglifo. Este es casualmente igual al de mi colgante.

Sitio algo salvaje (la plataforma para las tiendas se abre a base de machetazos), y un frio de pelotas. Pero con una energia especial. Noche de fogata y buena comida de las manos de Manuel, el guia. Y a dormir con mantas, porque no habia sacos de dormir!


Annemieke, Devi y Robert. Geniales

Muy místico, tanto el sitio como la experiencia. Estas cosas son como las meigas, nadie las ha visto, pero haberlas...

martes, 17 de agosto de 2010

Felix, Dina, y las ruinas de Macro

A veces el viaje se pone muy, muy cuesta arriba. La tripa que no termina de estar bien, el tiempo estando fuera que pesa como una losa, ampollas en los pies... hasta se me quema la calva por haber perdido el gorro!

Pero entonces aparece San Macuto, patron de los viajeros mochileros, y te regala un dia fabuloso.

A pesar de mi estado no queria irme de Tingo, el pueblo desde el que accedi a las ruinas de Kuelab (una ciudadela pre-inca, fascinante), sin haber recorrido un poco el fondo del valle, con ese rio tan caudaloso de color chocolate por las recientes lluvias, y acercarme a las ruinas de Macro, un poblado que domina ese rio desde el costado de un cerro.

Para llegar alli hay que cruzar el rio con una oroya (RAE: Del quechua oroya, cable con plataforma corrediza para pasar ríos). Ya solo eso sonaba interesante.

Alli está Felix, el hombre que la maneja, y Dina, su sobrina. Han construido un pequeño chiringuito circular junto al rio, muy acogedor, un simple banco circular bajo un techado, con esteras de colores, plantas y restos de fosiles que encuentran en el rio. Como no hay prisa nos sentamos a charlar, mientras Felix termina de arreglar algo en una moto vieja.

Felix tiene como 55 o 60 años, la piel curtida, e irradia esa sabiduria popular de los que llevan toda la vida trabajando en el campo, e intentando salir adelante. Dina tiene unos 50 y es muy locuaz y simpática. Transmiten honradez y felicidad. Charlamos. Dina me ofrece coco, buenisimo, cuanto tiempo sin tomar uno!

Y seguimos charlando, que si sobre unos curas católicos españoles que habia en el pueblo, y como se llevaban bien aunque ellos son adventistas del 7º dia; o sobre los espeleologos catalanes con los que él estuvo explorando una cueva cercana, muy interesante. Como pasa el tiempo cuando estás a gusto.

Por fin cruzamos al otro lado, por el módico precio de “la voluntad”. Nada más llegar al otro lado coge su machete, y nos ponemos en marcha, él mismo me enseñará las ruinas. Luego me enteraré de que él fue el que abrió el actual camino y acompañó a los arqueólogos.

Pero antes nos acercamos a una pequeña casa que tienen alli. Me enseña un antiguo exprimidor de caña de madera, riete tú de esos aparatos modernos de los puestos de jugos, este debe tener 100 años.

Y empezamos el camino, hablando de cómo pueden haber ido a parar a las rocas las conchas marinas, o de los cultivos, de cómo ahora están empezando a cultivar tara, una planta de la que se extraen hasta 7 productos distintos, y que no crece en cualquier parte.

Y con permiso de mis ampollas en los pies, llegamos a las primeras ruinas. Macro significa cerro torcido en quechua, en referencia a la curva tan pronunciada que da el rio justo allí. Son restos de ¿casas? semicirculares, de piedra muy bien trabajada, agrupados en niveles. Ahora entiendo el porque del machete, para abrirse paso y para quitar la maleza que va creciendo entre las piedras, que termina abriendolas y acelerando el deterioro de las ruinas.

El sitio es interesante, pero lo es todavia más por lo que tiene de explorar un sitio aún a medio descubrir (vale, quien no ha querido sentirse un poco Indiana Jones alguna vez?). Y hacerlo de la mano de Félix es todo un lujo, conoce cientos de historias del lugar.

Desde los niveles superiores se accede por unas escaleras y una pequeña trepada a las cuevas-tunel que hay en la pared superior. Allí es donde enterraban a sus muertos, y aún se encuentran restos de huesos amontonados. La mayoria son pequeños y podrian ser de animales, pero uno es claramente un femur humano. Solo se visitan dos cuevas, pero hay bastantes más; alguna de ellas se dice que incluso cruzan la montaña hasta el otro lado, pero aún no han encontrado cual.

Y de ahí vuelta a la oroya, a cruzar el rio, y a por un refresco de los que Dina guarda bien fresquitos en el rio.

Ojala puedan sacar adelante sus proyectos, como el de unir en una excursión de un dia las ruinas de Macro, otras dos cercanas, y la visita a la cueva de los espeleólogos, y que así vayan algunos turistas más por allí. Félix, Dina, gracias por devolverme al viaje. ¡Mucha suerte!

El valle, con las ruinas de Macro arriba a la derecha.

La antigua moledora de caña.

Felix y las ruinas.


Restos de huesos en las cuevas.

La oroya de Felix.


Hasta otra!

miércoles, 4 de agosto de 2010

Surfin´ Mancora

Después de que Rafa se volviera, que mejor remedio a quedarme solo de nuevo que unos dias de playa en Mancora, un destino muy turístico al norte de Perú. Especialmente conocido porque la fria corriente de Humbold no le afecta y eso hace que el agua este tibia y goce de un clima soleado y semi-tropical todo el año.

Dias de mucho patear por las playas, unas con palmeritas, hoteles y mansiones de lujo (y lujo de verdad), otras más abiertas, estilo las de Cadiz; puestas de sol fantásticas, ricas cenas de atún a la parrilla... Suena paradisiaco? Pues lo era.

Y podria serlo aún más alojandose en uno de esos hoteles de bungalows estilo hawainao (queda pendiente). Aunque sí estuve en uno de ellos tomando clases de yoga y dandome luego un baño en la piscina con la puesta de sol. Verdaderamente paradisiaco. Y encima llevado por gente encantadora, no puedo dejar de hacerles un poco de publicidad: samanachakra, al menos para que veais las fotos.

Compañeros improvisados de viaje:
Y una vez en la playa, ¡mi primera clase de surf! Lo siento no hay fotos, pero estuvo bien. Conseguí levantarme sobre la tabla y surfear, aunque como mucho 5-6 segundos cada vez, ¡no es fácil! Lástima que me hice cortes en el pie con las rocas del fondo y por eso no repetí... pero ya lo haré!

Huanchaco y los caballitos de totora


Uno pensaria que los famosos caballitos de totora sólo estan en el Titicaca.

Pero que va, también en el Pacífico los utilizan para pescar, y además de verdad, no como simple espectáculo para turistas. Están en el agua (que aquí es bastante fria) como unas 6-7 horas, o hasta que consiguen bastante pesca, de cangrejos en esta parte del año.

Es sorprendente ver la agilidad con que manejan esas "barcas" sobre el agua, o tambien en la orilla, cargándolas para ponerlas en posición vertical y que escurran todo el agua que hayan podido absorber.

Es todo un lujo contemplar una escena que podria haber ocurrido exactamente igual hace mil años.

Aunque también es cierto que el tiempo no pasa en balde y ahora las hacen con el núcleo de poliestireno (porexpan), por aquello de que es barato y no require mantenimiento.

Pero ahí siguen.

Coimeros


Coima=mordida, soborno.


Vaya mafiosos que estan hechos aquí los polis de carretera. Y además sin ningún disimulo.

En el trayecto en bus de ayer, Mancora-Chiclayo, de 6h de viaje, nos pararon ¡6 veces! Y siempre la misma historia: papeles del bus por aquí, revisión de equipajes por allá... lo que fuese con tal de tocar los cujons. Vale que el bus venia de Ecuador y en esta ruta hay contrabando, pero al segundo o tercer control ya se hace evidente que no buscan eso.

Y el mismo final siempre: llevandose al conductor del brazo, en plan coleguitas, a un sitio apartado donde “arreglar” el asunto sin que nadie les moleste.

El último ya fue tremendo, ½ h parados en un pueblo grande (o sea, a la vista de todo el mundo, pero eso no les cortaba). Todos los pasajeros del autobus diciendoles DE TODO a los policias, siguiendoles cuando se llevaron al conductor para hacer presión... en fin, al menos la gente no se queda de brazos cruzados ante esa corrupción.

A mi solo me pidieron el pasaporte una vez, pero al tio se le encendieron los ojos cuando solo le enseñe la fotocopia, y enseguida me dijo que eso no valia (mentira, ya me informe y si vale) y que necesitaba el original; chasco se llevo el cabronazo cuando lo saque.

Supongo que es lo que tiene viajar en una compañía de las “locales” (yo era el único gringo), porque a las compañias grandes no las paran apenas. Solo saque una foto, del bus y un grupo que esta mirando hacia donde han ido los demás, no era plan de sacar un reportaje de esos bandisdos en acción.

Pues eso, que menudos HP estos seudo“polis”.