martes, 30 de noviembre de 2010

Surrealismo chileno

Nunca pude imaginar, cuado mi objetivo Sigma se estrello contra el suelo de Valparaiso, que conseguir uno nuevo iba a ser tan complicado.

Empezando porque aqui no es nada facil encontrarlos, y cuando por fin hay alguno, es a precios desorbitados, como un 50% más caro que España. Asi que finalmente opté por que me lo envieran desde España a Santiago (gracias por las gestiones, caracola), a casa de un amigo que conoci viajando por aqui.

Pero lo que debia tardar 4 o 5 dias, se convirtió en mucho más tiempo, con el problema añadido de que mi amigo se iba de vacaciones. Y empezó la pesadilla de intentar rastrearlo en la maraña burocrática del correo chileno. Kafka se lo pasaria bomba aqui, tendria material para veinte novelas.

Despues de patearme 3 oficinas de correos, mareandome para averiguar por donde pasaba el paquete, encontrar la oficina correspondiente, de llamar 4 dias seguidos al cartero para preguntarle si habia llegado a su oficina (total para que al 4° dia me diga que no lo reparte él, sino un coche que sale de otro sitio), al final resulta que nadie sabe donde esta mi objetivo ni quien lo reparte, y que la unica forma de averiguarlo es mirando en el aviso que dejan en casa de mi amigo. Una casa cuyo portal tiene una reja, no tiene buzones, sin portero, y con mi amigo de vacaciones. Menudo panorama.

Hoy me entero a traves de una oficina que en internet aparece como que lo estan repartiendo ese mismo dia, asi que me voy rapidamente al portal de la casa. Pero una vez alli no hay nada que pueda hacer, mas que sentarme en el portal a esperar... ¿a esperar que? ¿que aparezca en ese momento un cartero con el paquete?

Estando en estas, se asoma un señor mayor por el portal. Como no suele pasar nadie por alli, le empiezo a preguntar como reparten el correo alli, "bajo la puerta lo echan", le cuento que es que estoy esperando un paquete que viene a casa de un amigo, pero que él no está...

Y su respuesta es "Ud es Don Antonio, Don Antonio Rodriguez Hernandez?"
Podeis imaginar mi cara, y el resto de la historia: el paquete llego el viernes, tres dias antes, y como no habia nadie en la casa, se lo entregaron a un vecino (??? flipa con la seguridad de un envio certificado urgente internacional; en fin), ese vecino se lo paso a este señor, Don Alejandro Soto Lobos (desde ahora mi angel de la guarda), que no es el portero pero se ocupa de abrir a los que vienen a mirar el gas, etc, y este lo guardo en su casa, en un sitio bien apartado por si aquello era una bomba (que aqui estan en plena fase de terrorismo mapuche).

Pero milagros de la vida, hoy nos encontramos... y con ello ha llegado a mis manos mi ansiado tesooooro.

Asi que por fin he vuelto a mi esencia de homo (sapiens?) photographicus, sin la cual francamente estaba bastante amargado. Ha sido como un drogadicto con abstinencia al que le dan un chute del bueno.... ahhhh que placer. Y encima con estabilizador, ummm.

Ahora, Patagonia y el Sur me esperan! Los voy a dejar secos de tanto afotar.

Happy end again

La primera foto

lunes, 15 de noviembre de 2010

Valparaiso, Valpo para los amigos

“Valparaiso, qué disparate eres, qué loco, puerto loco, qué cabeza con cerros, desgreñada, no acabas de peinarte, nunca tuviste tiempo de vestirte, siempre te sorprendió la vida, te despertó la muerte en camisa.
Pablo Neruda. Oda a Valparaiso.


Valparaiso, ciudad loca de urbanismo imposible. Basta salir a la calle cada mañana para sentir que puede pasar algo especial. Salvando los similes iniciales (que si Lisboa, que si San Francisco...), definitivamente no se puede comparar, Valpo es única.

Venir aquí ya formaba parte de un sueño de viaje allá hace mil años. Aún guardo una cinta con música de José Aitor, pensando en ese futuro viaje que ahora es presente.

Antes de salir de España ya tenia pensado parar aquí algún tiempo, y el viaje no hizo sino confirmar esa idea, en forma de necesidad de un buen descanso. Nada más llegar me quedé unos dias en un estupendo hostal en el cerro Bellavista, el Caracol. Más que “hostal”, es hostel –en inglés-, porque son sitios pensados claramente para viajeros extranjeros.
Buen ambiente y gente fantástica encontré allí.

Estampas del Barrio de Bellavista:

Pasaje Pasteur


Pero mi idea era quedarme más tiempo en Valpo y conocer más a gente chilena, y para eso el hostel no es lo mejor, aparte de ser más caro. Y medio de casualidad, hablando con Andrea, que prepara unos riquisimos jugos en su bar, me comenta que en su casa tienen una habitación libre, asi que alli que me voy. Así encontré la que seria mi residencia por un par de semanas: la casa hippie.

Y como es una casa hippie preguntareis? Pues por supuesto con su correspondiente perro (perra en este caso, Menta), y sus también correspondientes compañeras las pulgas. Tambien gato, precioso, pero esos dias un poco echo polvo después de alguna pelea nocturna.

Menta echandose la siesta en el jardín.

A la casa se llega después de bajar por unas escaleras, entrando por un gran patio-jardín-terraza, que se asoma sobre los cerros de la ciudad. Allí hay un horno, algunos frutales y una gran palmera, con restos de fogata de alguna fiesta. De ahí a la casa, una gran galeria acristalada que da al jardin por un lado y acceso a las habitaciones por otro. Todo lleno de de objetos curiosos, ambiente muy artístico, y una limpieza que ninguna madre aprobaria.

En la casa somos cinco fijos, un estudiante aleman, tres chilenas, y yo. Y mucha más gente que entra y sale, fiestas improvisadas, buena onda, y buenas comidas tambien preparadas espontaneamente, siempre hay alguien que se mete a la cocina y prepara algo para todo el mundo. Se de algún londinense que estaria muy a gusto aquí. Vida bohemia 100%.

El horno del jardín. Andrea prepara de vez en cuando buenísimas empanadas en él

La galeria-salón de la casa, con Menta y el gato echandose la siesta.

Trabajando desde la terraza, con las vistas de la ciudad

Como un perfecto resumen de la ciudad, en la que todo es muy artístico, muy loco, y muy cuatico (extraño, especial), cachai? (anglicismo de catch it? ) Y mucho, mucho carrete (fiesta), se nota que es ciudad universitaria, aunque es mucho más que eso.

Un buen cuadro de Valparaiso podria ser como una imagen del barrio de Bellavista, mientras esperaba el colectivo 39 para volver a casa: por Hector Calvo sube, caminando por medio de la calle, un chico tocando una mandolina, mientras por la calle perpendicular se acercan unas chicas que van ensayando unos pases de baile a lo Michael Jackson. Todo en medio de este barrio de calles empinadas y murales de colores.


En fin, dias de alegrias y tristezas. La principal de estas últimas, romper el objetivo de la cámara al poco de llegar. Ahhh, la pesadilla de cualquier (pseudo)fotógrafo, rodeado de sitios super fotogénicos y yo sin poder afotar! (*afotar=acción de sacar fotos indiscriminadamente; es un palabro del club de los viciosos de la fotografia). Y para colmo conseguir uno nuevo se revela como toda una odisea aquí.

Y alegrias: callejear por aquí, encontrar esta casa super hippie, con una vista estupenda, donde quedarme dos semanas, descansaaaaaar; uf, como lo necesitaba; sorry, ya se que es ironico esto para los que estais currando (:-P), pero es que de viajar también se cansa uno.

Más que bien, super bien (otra expresión local, está más de Santiago).


(Más fotos en flickr, sobre todo de murales callejeros de la ciudad: Galeria de Valparaiso)