miércoles, 15 de diciembre de 2010

El valle de Cochamó

A más bien habria que decir Cochamo´s Adventure Trip.

El valle de Cochamo es descrito en la guia como el Yosemite Chileno, un valle rodeado de impresionantes paredes de granito. Con semejante descripción ¡habia que visitarlo!

Para ir a Cochamo nos juntamos un grupo de siete, y como suele ocurrir muchas veces en los viajes, por generación espontánea. Yo queria ir, Anna, compañera de aventuras en un descenso de barrancos en Puerto Varas, se apuntó, y luego otra chica alemana... y luego otra... y luego otro par más... Vamos, que al final nos juntamos para ir alli cinco teutonas y yo.

Lo que para alguno parecerá una situación paradisiaca (umm, tú solo con cinco tias por ahí perdido durante tres dias!), para mi no lo era tanto (no soy tan avaricioso y con dos o tres me basta ;-)). Meterme con cinco desconocidas en una zona de montaña remota... uf, mi sentido montañero me advertia de peligro. Mientras esperábamos en la parada del bus llegó otro tio que tambíen iba para allá; en cuanto empezó a hablar en inglés me dije “este es de mi tierra”, y así era, Iñigo el pamplonica.

Y ya eramos dos españolitos alli, como Don Quijote y Sancho Panza (no especifico quien es quien), en plan “más mire bien mi señor Don Quijote, que no son molinos de viento sino cinco alemanas, y además una de ellas de Baviera!” (es una coña para mis amigos alemanes, los de Baviera tienen fama de "especialitos", como los catalanes o algo así).

Y asi nos juntamos los siete magnificos.

El grupo a la entrada del valle

Lo de adventure trip viene porque aquí ya estamos en Patagonia, y por tanto nada que ver con los trillados senderos europeos. Para empezar, 5 h por camino de barro. Y cuando digo barro, me refiero a barro de verdad, del que metes el pie hasta la rodilla. Asi que cinco horas de ir sorteando charcos enfangados en medio de un bosque húmedo. Y todo porque para moverse por aquí utilizan mucho caballos, y de tanto pasar revientan los senderos; hasta el punto de que han creado verdaderas zanjas por donde va el camino, de hasta 2 m de altura, y en las que una vez que entras no hay escapatoria posible.

Todo muy entretenido, trepando, cruzando rios de todos los modos posibles: por troncos resbaladizos, descalzandose (las menos), por pasarelas... el remate viene cuando para llegar al refugio hay que cruzar el rio principal por una oroya (recordais lo que era una oroya, no?), o sea, una tirolina con un carro. Divertido, acojonante para alguna, pero como lo tuvimos que hacer cuatro o cinco veces, al final ya eramos casi unos expertos.

El invento en cuestión

El pesao de las fotos (foto de Anna)

Cruzando el último dia. Tras el diluvio de la noche anterior el rio
baja muy crecido, tanto que casi se toca el agua al pasar.

El primer dia fue con un tiempo espectacular, de los que son raros en la zona. Llegamos por fin al refugio, que resultó ser algo así como la cabaña soñada por muchos de nosotros, en medio de un sitio espectacular, muy acogedora, toda de madera, y con una terraza-galeria estupenda, para quedarse alli contemplando las montañas horas y horas.

La galeria-terraza del refugio

Al dia siguiente hicimos una excursión para subir al Cerro Arco Iris, que debe tener unas vistas fabulosas, pero a mitad de camino hay un par de pasos de subir por una cuerda, y ademas el dia ya amenazaba lluvia, asi que nos dimos media vuelta. Todo por un bosque exótico, mezcla de enormes árboles tipo secuoya, y bambú (pero esto no era Patagonia? como es que hay aquí tanto bambú??). Tuvimos tiempo para visitar una cascada cercana, bañito incluido, y llegar al refugio justo cuando empezaban a caer las primeras gotas.

Subiendo al cerro Arco Iris

Paredes de granito

Cascada. Premio para el que vea la cara del genio del agua (y no está trucada!)

La verdad es que formamos un grupo estupendo, repartiendonos para buscar el camino, compartiendo la comida, o jugando por la noche en el refugio. Buena gente estas alemanas. Yo me partia de risa con el pamplonés, además del gustazo de poder decir cosas como “que gusanillo tengo” ¡y que te entiendan!

Volviendo en una pick-up

No sé si compararlo con Yosemite es justo, pero el sitio merece una visita. Sobre todo por alojarse en ese estupendo refugio y disfrutar de la tranquilidad y las vistas, verdaderamente inspirador.

Más fotos, en flickr: Valle de Cochamo

martes, 30 de noviembre de 2010

Surrealismo chileno

Nunca pude imaginar, cuado mi objetivo Sigma se estrello contra el suelo de Valparaiso, que conseguir uno nuevo iba a ser tan complicado.

Empezando porque aqui no es nada facil encontrarlos, y cuando por fin hay alguno, es a precios desorbitados, como un 50% más caro que España. Asi que finalmente opté por que me lo envieran desde España a Santiago (gracias por las gestiones, caracola), a casa de un amigo que conoci viajando por aqui.

Pero lo que debia tardar 4 o 5 dias, se convirtió en mucho más tiempo, con el problema añadido de que mi amigo se iba de vacaciones. Y empezó la pesadilla de intentar rastrearlo en la maraña burocrática del correo chileno. Kafka se lo pasaria bomba aqui, tendria material para veinte novelas.

Despues de patearme 3 oficinas de correos, mareandome para averiguar por donde pasaba el paquete, encontrar la oficina correspondiente, de llamar 4 dias seguidos al cartero para preguntarle si habia llegado a su oficina (total para que al 4° dia me diga que no lo reparte él, sino un coche que sale de otro sitio), al final resulta que nadie sabe donde esta mi objetivo ni quien lo reparte, y que la unica forma de averiguarlo es mirando en el aviso que dejan en casa de mi amigo. Una casa cuyo portal tiene una reja, no tiene buzones, sin portero, y con mi amigo de vacaciones. Menudo panorama.

Hoy me entero a traves de una oficina que en internet aparece como que lo estan repartiendo ese mismo dia, asi que me voy rapidamente al portal de la casa. Pero una vez alli no hay nada que pueda hacer, mas que sentarme en el portal a esperar... ¿a esperar que? ¿que aparezca en ese momento un cartero con el paquete?

Estando en estas, se asoma un señor mayor por el portal. Como no suele pasar nadie por alli, le empiezo a preguntar como reparten el correo alli, "bajo la puerta lo echan", le cuento que es que estoy esperando un paquete que viene a casa de un amigo, pero que él no está...

Y su respuesta es "Ud es Don Antonio, Don Antonio Rodriguez Hernandez?"
Podeis imaginar mi cara, y el resto de la historia: el paquete llego el viernes, tres dias antes, y como no habia nadie en la casa, se lo entregaron a un vecino (??? flipa con la seguridad de un envio certificado urgente internacional; en fin), ese vecino se lo paso a este señor, Don Alejandro Soto Lobos (desde ahora mi angel de la guarda), que no es el portero pero se ocupa de abrir a los que vienen a mirar el gas, etc, y este lo guardo en su casa, en un sitio bien apartado por si aquello era una bomba (que aqui estan en plena fase de terrorismo mapuche).

Pero milagros de la vida, hoy nos encontramos... y con ello ha llegado a mis manos mi ansiado tesooooro.

Asi que por fin he vuelto a mi esencia de homo (sapiens?) photographicus, sin la cual francamente estaba bastante amargado. Ha sido como un drogadicto con abstinencia al que le dan un chute del bueno.... ahhhh que placer. Y encima con estabilizador, ummm.

Ahora, Patagonia y el Sur me esperan! Los voy a dejar secos de tanto afotar.

Happy end again

La primera foto

lunes, 15 de noviembre de 2010

Valparaiso, Valpo para los amigos

“Valparaiso, qué disparate eres, qué loco, puerto loco, qué cabeza con cerros, desgreñada, no acabas de peinarte, nunca tuviste tiempo de vestirte, siempre te sorprendió la vida, te despertó la muerte en camisa.
Pablo Neruda. Oda a Valparaiso.


Valparaiso, ciudad loca de urbanismo imposible. Basta salir a la calle cada mañana para sentir que puede pasar algo especial. Salvando los similes iniciales (que si Lisboa, que si San Francisco...), definitivamente no se puede comparar, Valpo es única.

Venir aquí ya formaba parte de un sueño de viaje allá hace mil años. Aún guardo una cinta con música de José Aitor, pensando en ese futuro viaje que ahora es presente.

Antes de salir de España ya tenia pensado parar aquí algún tiempo, y el viaje no hizo sino confirmar esa idea, en forma de necesidad de un buen descanso. Nada más llegar me quedé unos dias en un estupendo hostal en el cerro Bellavista, el Caracol. Más que “hostal”, es hostel –en inglés-, porque son sitios pensados claramente para viajeros extranjeros.
Buen ambiente y gente fantástica encontré allí.

Estampas del Barrio de Bellavista:

Pasaje Pasteur


Pero mi idea era quedarme más tiempo en Valpo y conocer más a gente chilena, y para eso el hostel no es lo mejor, aparte de ser más caro. Y medio de casualidad, hablando con Andrea, que prepara unos riquisimos jugos en su bar, me comenta que en su casa tienen una habitación libre, asi que alli que me voy. Así encontré la que seria mi residencia por un par de semanas: la casa hippie.

Y como es una casa hippie preguntareis? Pues por supuesto con su correspondiente perro (perra en este caso, Menta), y sus también correspondientes compañeras las pulgas. Tambien gato, precioso, pero esos dias un poco echo polvo después de alguna pelea nocturna.

Menta echandose la siesta en el jardín.

A la casa se llega después de bajar por unas escaleras, entrando por un gran patio-jardín-terraza, que se asoma sobre los cerros de la ciudad. Allí hay un horno, algunos frutales y una gran palmera, con restos de fogata de alguna fiesta. De ahí a la casa, una gran galeria acristalada que da al jardin por un lado y acceso a las habitaciones por otro. Todo lleno de de objetos curiosos, ambiente muy artístico, y una limpieza que ninguna madre aprobaria.

En la casa somos cinco fijos, un estudiante aleman, tres chilenas, y yo. Y mucha más gente que entra y sale, fiestas improvisadas, buena onda, y buenas comidas tambien preparadas espontaneamente, siempre hay alguien que se mete a la cocina y prepara algo para todo el mundo. Se de algún londinense que estaria muy a gusto aquí. Vida bohemia 100%.

El horno del jardín. Andrea prepara de vez en cuando buenísimas empanadas en él

La galeria-salón de la casa, con Menta y el gato echandose la siesta.

Trabajando desde la terraza, con las vistas de la ciudad

Como un perfecto resumen de la ciudad, en la que todo es muy artístico, muy loco, y muy cuatico (extraño, especial), cachai? (anglicismo de catch it? ) Y mucho, mucho carrete (fiesta), se nota que es ciudad universitaria, aunque es mucho más que eso.

Un buen cuadro de Valparaiso podria ser como una imagen del barrio de Bellavista, mientras esperaba el colectivo 39 para volver a casa: por Hector Calvo sube, caminando por medio de la calle, un chico tocando una mandolina, mientras por la calle perpendicular se acercan unas chicas que van ensayando unos pases de baile a lo Michael Jackson. Todo en medio de este barrio de calles empinadas y murales de colores.


En fin, dias de alegrias y tristezas. La principal de estas últimas, romper el objetivo de la cámara al poco de llegar. Ahhh, la pesadilla de cualquier (pseudo)fotógrafo, rodeado de sitios super fotogénicos y yo sin poder afotar! (*afotar=acción de sacar fotos indiscriminadamente; es un palabro del club de los viciosos de la fotografia). Y para colmo conseguir uno nuevo se revela como toda una odisea aquí.

Y alegrias: callejear por aquí, encontrar esta casa super hippie, con una vista estupenda, donde quedarme dos semanas, descansaaaaaar; uf, como lo necesitaba; sorry, ya se que es ironico esto para los que estais currando (:-P), pero es que de viajar también se cansa uno.

Más que bien, super bien (otra expresión local, está más de Santiago).


(Más fotos en flickr, sobre todo de murales callejeros de la ciudad: Galeria de Valparaiso)

domingo, 24 de octubre de 2010

San Pedro de Atacama


Dias melancolicos, con el Off He Goes de Pearl Jam de banda sonora de fondo (dadle al play y seguid leyendo, pasando del video, que es una mierda y no hace justicia a la canción).



Dicen que en el Salar de Atacama hay mucho litio, y que tal vez por eso la gente es tan tranquila y a los visitantes les invade la relajación. Sea o no cierto, hay una calma en el ritmo de la ciudad que invita a quedarse.

Hay dos tipos pobladores en San Pedro: los locales que viven del turismo, muy hippies ellos; y sus “victimas”, los guiris visitantes, a los que los primeros buscan con avidez, sea para apuntarles a hacer un tour, para que entren al restaurante, o para invitarles a alguna de las fiestas "clandestinas" que hay cada noche.
Bueno, a estos habria que añadir la gran cantidad de perros que viven tan felices en la calle, aunque esto es típico de todo Chile (y casi de Peru y Bolivia me atreveria a decir).


Una vez alli, si quieres ver las principales atracciones hay que apuntarse a un tour. Ufff, y yo hasta los cojones de los tours. Pero no queda otra. Así que Lagunas altiplanicas, lagunas en el Salar, geiseres y Valle de la Luna.

Lagunas altiplánicas:

Laguna

Flamenco

Fauna local

Valle de la luna
:


El problema es que después de haber visto Uyuni no pude evitar comparar (las siempre odiosas comparaciones), y por mucho que te vendan los chilenos y aunque esto está bien, no hay color.

Pero si hay dos cosas realmente especiales.

Por un lado el fantastico campo de geiseres de El Tatio, por supuesto con el posterior baño en aguas termales. El madrugón (se sale a las 4:30) y los –10ºC de la mañana se compensan de sobra. Aquí si me alegre de haber pagado un poco más por ir con una buena agencia, que te permitia estar más tiempo a tu aire; ¡la mayoria de las demás se volvieron justo antes de que saliera el sol, el mejor momento con diferencia!

Geiseres del Tatio

Macros

Y por otro, las lagunas de Cejar.

Como están bastante cerca (unos 20km) alquilé una bici para poder ir por la mañana, ya que todas las agencias van sólo por la tarde. Un buen paseo, aunque pinche la rueda antes de llegar, y note bastante la falta de practica en cambiarla, casi una hora alli tirado. Por supuesto en esos momentos, bajo el fuerte sol de Atacama, se te cruza en la cabeza de todo, especialmente quien #!?@# me mandará meterme a mi en estas aventuras.

Pero todo se olvida cuando llegué allí, solo. Y al poco de adentrarme encuentro esto:

Más que una laguna, un gran ojo del Salar, con su pupila azul y profunda. Caminas unos metros, con el agua hasta los tobillos, y entonces te lanzas a un pozo oscuro y sin fondo, ¡pero es imposible hundirse porque el agua es tan salada que flotas!
Indescriptible estar allí, tumbado en el agua, y rodeado de esos minusculos crustaceos que sirven de alimento a los flamencos (y les dan de paso ese color rosado).

Pero como la naturaleza es así de caprichosa, me regaló cuando volvia a mediodia otro pinchazo en la misma rueda (putos espinos del desierto), y esta vez sin cámara de repuesto... pero el cómo salí de ahí ya forma parte de otra historia.

viernes, 15 de octubre de 2010

Miscelánea

(Miscelánea: 1. Mixto, vario, compuesto de cosas distintas. 2. Escrito en que se tratan muchas materias inconexas y mezcladas).

Una vez más acumulo mucho retraso, esta vez más de un mes. Caray como pasa el tiempo. En parte ha sido porque tampoco estaba muy emocionado con lo visto hasta ahora, pero sobre todo porque estaba muuuuy perezoso. Pero bueno, aquí estoy, allá vamos.

Después de Chucuyo y el Parque Lauca tocó descanso en Arica, la primera ciudad importante del norte de Chile. Muchos déjà vu con Canarias, paisaje desértico, palmeras, brisa marina, la arquitectura, hasta el acento de la gente. Lo que iban a ser 2 o 3 dias se transformaron en casi una semana, en parte gracias a encontrar un hostal fantástico en el que te hacen sentir como de la familia (un saludito a la gente del Hostal Jardin del Sol).

Graffitis de Arica

Mucho relax, alguna excursión en bici por la costa para ver unos acantilados con cuevas cercanos; mucho contemplar el oleaje del Pacífico (que de su nombre tiene muy poco en esta zona).

Pacífico

Justo aquí, en Arica -como me contó Carlos, del hostal-, arranca la cordillera costera, que se prolonga practicamente por todo Chile hasta la lejana Chiloé, y que determina el clima desértico del interior al retener los aires húmedos del mar.

En el muelle del puerto, aparte de tomar riquisimo piure -un marisco local-, se pueden ver leones marinos y cientos de pelícanos que viven alli, otro buen sitio para "afotar".

Leones marinos. La cabeza de los machos es como un balon de pilates

Pelicanos en guardia

Leones marinos sobre una de las boyas de la bahia; verlos subirse es todo un espectáculo.

Cerca está un valle muy interesante, el de Azapa, con geoglifos (petrogligos a gran escala, como las líneas de Nazca, salvando las distancias claro) que servian de orientación a las antiguas caravanas de llamas que iban hacia los lejanos Tiwanaku y el Titikaka.


Además de por los geoglifos, la zona es famosa porque aquí se han encontrado algunas de las momias más antiguas del mundo, como 2.000 años anteriores a las de los antiguos egipcios. Incluso bajo algún edificio de la misma ciudad han aparecido cementerios enteros de momias enterradas en la arena.


De ahí a Iquique, otra ciudad costera, esta con cierto aire a Nueva Orleans, haciendo escala en el viaje hacia el sur.

Allí surgió una de las sorpresas más interesantes, la ciudad minera abandonada de Humberstone.

Por si sola ya daria para una entrada en el blog, sobre todo de fotografia. Fantasmagorica pero bien conservada, recorrer sus calles desiertas es dar un salto a un tiempo que debio ser muy duro, el de la extracción de salitre en medio del desierto. Pero al mismo tiempo prospero, como atestigua el gran teatro vacio, o la piscina, o los cientos de casas vacias que puede uno recorrer a su gusto.
Antiguos juguetes de los niños de Humberstone

Oxido

Maquinas de tren abandonadas en una calle, una casa museo llena de juguetes de niño hechos con alambre, esqueletos de antiguas fábricas... Y con el viento del desierto para terminar de ambientar la visita al lugar.

Realmente único.