El Huayna, como le llamamos ya familiarmente, es un montañón que se ve impresionante desde la parte alta de La Paz, llamada El Alto (en realidad una ciudad al lado de otra ciudad), o desde el altiplano al norte de la capital, cuando llegas por la carretera del Titikaka.Desde que lo leimos en la guia y lo comentamos al principio de encontrarnos, la posibilidad de subirlo se convirtio en uno de los platos fuertes del viaje (con agencia, claro, no tenemos equipo aquí y tampoco ha sido un año muy montañero que digamos). Tanto que hizo que todo el recorrido girase en torno a estar lo más aclimatados posible, dejandolo para el final.
Así que después de casi tres semanas de viaje por el altiplano boliviano, aquí estamos. Optamos por intentarlo en tres dias. Primer dia llegar al refugio-base y subir a practicar al glaciar, segundo de descanso por la mañana y subir al refugio superior por la tarde. Y esa misma noche para arriba.
Somos seis, un italiano, dos franceses, dos españoles y un coreano (parece el principio de un chiste, van seis a la montaña, un...). Lo pasamos bien jugando a las cartas en el refugio, aunque al duo español se nos da de pena. Al segundo dia el coreano se da la vuelta por la altura, asi que esto queda más bien como una expedición mediterránea al Huayna. Angel y yo hacemos cordada con Macario, nuestro guia, tio competente y guasón.
Con Camille y Guillaume, la pareja de franceses
Refugio de altura, 5.300m. Dolorcillo de cabeza por la noche, todos acabamos tomando ibuprofeno; es lo que tiene dormir a esta altitud (lo de dormir es un decir, más bien te dedicas a dar vueltas y más vueltas en el saco sin pegar ojo). Salimos, no hace mucho frio. El sonido de los crampones mordiendo el hielo en la noche trae muchos recuerdos de ascensiones anteriores.
En una de las pisadas meto la pierna hasta la rodilla en una grieta, que resulta estar llena de agua, no se como cojones puede estar en estado liquido a esta temperatura. El caso es que termino con el pie calado, y acabamos de empezar. A esto se le llama empezar con buen pie.
Vamos subiendo a ritmo muy tranquilo, como demanda la altura. Poco a poco me van apareciendo nauseas. Llegamos a la rampa de 45º, en realidad una rimaya (grieta que se forma cuando hay un cambio de pendiente hacia una más vertical). Pasamos con cuidado pero sin muchas complicaciones.
5.700m, mitad de la subida. Viendo que mis ganas de vomitar van a más, acordamos que Angel se pase a la cordada del italiano, que va justo delante, y así tiene aún posibilidades en caso de que yo me tenga que dar la vuelta. Después de tirarse todo el viaje llorando con que no iba a poder subir por la altura, ahora va bien, salvo por algo de somnolencia que también da la altura.
Vomitona. Pienso que se acabó, pero nada más terminar me encuentro mejor, hasta el dolor de cabeza parece que se va, así que seguimos. Macario, el guia, dice que a veces pasa eso, que después de echarlo todo te encuentras mejor, asi que me anima a seguir. Pasamos más grietas, alguna complicadilla con trepada vertical por el otro lado. 5.900m. Segunda vomitona, peor aún, pero de nuevo me encuentro mejor al terminar.
Aún queda la pirámide cimera, que tiene la trepada en roca más complicada. Aunque sean solo 100m de desnivel, se ve duro. Lo de ver es un decir, porque sigue siendo de noche; al sol ni se le intuye aún, y mira que se agradecerian unos rayitos suyos, aunque fueran tibios, porque hace un frio de pelotas. Hace rato que me puse el plumas y aún así sigo frio. Para mi que los guias se han pasado de previsores en su cálculo de estar en la cima justo cuando saliese el sol, este último tramo se agradeceria hacerlo con más luz y calor.
Angel y el italiano ya van bastante arriba. La pareja de franceses están aquí al lado, descansando un poco.
Mi dolor de cabeza va en aumento, ahora como presión en las sienes; me muevo torpe, algo descoordinado (supongo que por el cansancio), y las nauseas tambien han vuelto. El miedo a un edema de coco, y especialmente pensando en los pasos complicados de la bajada, me hace decidirme, hay que volerse. Es lo que tiene ser un poco aprensivo-hipocondriaco. Para algunos seré un exagerado, para otra soy un imprudente por seguir tanto. El caso es que es una de las decisiones más dificiles en la montaña, el darse la vuelta, pero me alegro de haberla tomado, aunque sea tan cerca, o tan lejos, de la cima.
Cordadas por encima del paso de la rimaya
Bajada muy concentrado, tengo que reservar las pocas energias que me quedan, y no hay suficiente para sacar la cámara y hacer fotos del glaciar, que con las primeras luces del dia se ve espectacular. Llego al refugio molido, machacado. Media hora de recuperarme dentro del saco, y para abajo, por si acaso.
Ya en el refugio de abajo me recupero rápidamente. Parece que esto de la altura me afecta bastante y unos metros arriba o abajo me hacen parecer otra persona. Una hora y pico más tarde llegan los demás.
Angel y Oscar, el italiano. Aunque la foto es de la tarde anterior, parece que ya están anticipando que son los dos únicos que harán cima.
Así que eso, aún no soy un hombre 6.000, soy un hombre 5.980; diferencia que, sinceramente, me importa un comino a estas alturas. Lo que más rabia me da, y es bastante significativo, es no haber podido hacer apenas fotos de lo alucinante que estaba aquello, por ir tan hecho polvo.
El Nevado Illimani al fondo
Y como no, haber ido con mis colegas de pioletadas de siempre, en lugar de con agencia. Seguramente no habria hecho cima de todas formas, pero seguro que lo habriamos pasado de coña!
















































