jueves, 30 de septiembre de 2010

Huayna Potosi, 6.088m

El Huayna, como le llamamos ya familiarmente, es un montañón que se ve impresionante desde la parte alta de La Paz, llamada El Alto (en realidad una ciudad al lado de otra ciudad), o desde el altiplano al norte de la capital, cuando llegas por la carretera del Titikaka.

El Huayna visto desde El Alto, justo después de una pequeña nevada

Desde que lo leimos en la guia y lo comentamos al principio de encontrarnos, la posibilidad de subirlo se convirtio en uno de los platos fuertes del viaje (con agencia, claro, no tenemos equipo aquí y tampoco ha sido un año muy montañero que digamos). Tanto que hizo que todo el recorrido girase en torno a estar lo más aclimatados posible, dejandolo para el final.

Así que después de casi tres semanas de viaje por el altiplano boliviano, aquí estamos. Optamos por intentarlo en tres dias. Primer dia llegar al refugio-base y subir a practicar al glaciar, segundo de descanso por la mañana y subir al refugio superior por la tarde. Y esa misma noche para arriba.

Cima Sur y cima Norte -la principal-, a la derecha

Somos seis, un italiano, dos franceses, dos españoles y un coreano (parece el principio de un chiste, van seis a la montaña, un...). Lo pasamos bien jugando a las cartas en el refugio, aunque al duo español se nos da de pena. Al segundo dia el coreano se da la vuelta por la altura, asi que esto queda más bien como una expedición mediterránea al Huayna. Angel y yo hacemos cordada con Macario, nuestro guia, tio competente y guasón.

Con Camille y Guillaume, la pareja de franceses

Refugio de altura, 5.300m. Dolorcillo de cabeza por la noche, todos acabamos tomando ibuprofeno; es lo que tiene dormir a esta altitud (lo de dormir es un decir, más bien te dedicas a dar vueltas y más vueltas en el saco sin pegar ojo). Salimos, no hace mucho frio. El sonido de los crampones mordiendo el hielo en la noche trae muchos recuerdos de ascensiones anteriores.

En una de las pisadas meto la pierna hasta la rodilla en una grieta, que resulta estar llena de agua, no se como cojones puede estar en estado liquido a esta temperatura. El caso es que termino con el pie calado, y acabamos de empezar. A esto se le llama empezar con buen pie.

Vamos subiendo a ritmo muy tranquilo, como demanda la altura. Poco a poco me van apareciendo nauseas. Llegamos a la rampa de 45º, en realidad una rimaya (grieta que se forma cuando hay un cambio de pendiente hacia una más vertical). Pasamos con cuidado pero sin muchas complicaciones.

5.700m, mitad de la subida. Viendo que mis ganas de vomitar van a más, acordamos que Angel se pase a la cordada del italiano, que va justo delante, y así tiene aún posibilidades en caso de que yo me tenga que dar la vuelta. Después de tirarse todo el viaje llorando con que no iba a poder subir por la altura, ahora va bien, salvo por algo de somnolencia que también da la altura.

Vomitona. Pienso que se acabó, pero nada más terminar me encuentro mejor, hasta el dolor de cabeza parece que se va, así que seguimos. Macario, el guia, dice que a veces pasa eso, que después de echarlo todo te encuentras mejor, asi que me anima a seguir. Pasamos más grietas, alguna complicadilla con trepada vertical por el otro lado. 5.900m. Segunda vomitona, peor aún, pero de nuevo me encuentro mejor al terminar.

Aún queda la pirámide cimera, que tiene la trepada en roca más complicada. Aunque sean solo 100m de desnivel, se ve duro. Lo de ver es un decir, porque sigue siendo de noche; al sol ni se le intuye aún, y mira que se agradecerian unos rayitos suyos, aunque fueran tibios, porque hace un frio de pelotas. Hace rato que me puse el plumas y aún así sigo frio. Para mi que los guias se han pasado de previsores en su cálculo de estar en la cima justo cuando saliese el sol, este último tramo se agradeceria hacerlo con más luz y calor.

Angel y el italiano ya van bastante arriba. La pareja de franceses están aquí al lado, descansando un poco.

Mi dolor de cabeza va en aumento, ahora como presión en las sienes; me muevo torpe, algo descoordinado (supongo que por el cansancio), y las nauseas tambien han vuelto. El miedo a un edema de coco, y especialmente pensando en los pasos complicados de la bajada, me hace decidirme, hay que volerse. Es lo que tiene ser un poco aprensivo-hipocondriaco. Para algunos seré un exagerado, para otra soy un imprudente por seguir tanto. El caso es que es una de las decisiones más dificiles en la montaña, el darse la vuelta, pero me alegro de haberla tomado, aunque sea tan cerca, o tan lejos, de la cima.

Cordadas por encima del paso de la rimaya

Bajada muy concentrado, tengo que reservar las pocas energias que me quedan, y no hay suficiente para sacar la cámara y hacer fotos del glaciar, que con las primeras luces del dia se ve espectacular. Llego al refugio molido, machacado. Media hora de recuperarme dentro del saco, y para abajo, por si acaso.

Ya en el refugio de abajo me recupero rápidamente. Parece que esto de la altura me afecta bastante y unos metros arriba o abajo me hacen parecer otra persona. Una hora y pico más tarde llegan los demás.

Angel y Oscar, el italiano. Aunque la foto es de la tarde anterior, parece que ya están anticipando que son los dos únicos que harán cima.

Así que eso, aún no soy un hombre 6.000, soy un hombre 5.980; diferencia que, sinceramente, me importa un comino a estas alturas. Lo que más rabia me da, y es bastante significativo, es no haber podido hacer apenas fotos de lo alucinante que estaba aquello, por ir tan hecho polvo.

El Nevado Illimani al fondo

Y como no, haber ido con mis colegas de pioletadas de siempre, en lugar de con agencia. Seguramente no habria hecho cima de todas formas, pero seguro que lo habriamos pasado de coña!

sábado, 25 de septiembre de 2010

Uyuni

Estamos a media tarde en un kiosko tomando una hamburguesa para calmar el hambre, después de no haber comido nada en el viaje desde Potosi (salvo las ultimas y apreciadas galletas de coco de Angel, pobre, las unicas que le gustaban), y dandole vueltas a con quien hacer el tour por el Salar. Aun no hemos mirado agencias y queremos salir mañana.

En esto dobla la esquina una figura conocida, caminando despistada mientras mira el cielo distraidamente. Es Eider! La pillo por sorpresa, nos damos un buen abrazo, ella me hacia a mi por el norte, yo a ella por la selva de Madidi! Que bueno. Nos conocimos en Huaraz, cuando me encontré con Rafa; bueno, en realidad fue antes, en un refugio del Mont Blanc, hace un par de años, pero es imposible grabar tantas caras, normal.

Ella quiere hacer el tour pero subiendo un volcán, el Tunupa, lo mismo que nosotros, asi que genial, nos apuntamos al mismo tour, cuatro dias en lugar de los tres habituales, con opción a un quinto para subir al Lucancabur, otro volcan, de casi 6.000m, que hace frontera con Chile.

Al dia siguiente nos juntamos con Gilbert, nuestro conductor, y Betty, nuestra dicharachera cocinera, más otros tres turistas. Total ocho para el cargado todoterreno. En marcha.

A partir de ahi kilometros y kilometros de blanca llanura, con alguna parada para flipar con la costra de sal y jugar con la engañosa perspectiva.

Al dia siguiente madrugón para subir al volcán. Al final vamos todos, incluidos Gilbert y Betty, que en todo este tiempo haciendo tours aún no lo han subido. Poco a poco la altura se va notando, son casi 1.500m de desnivel. Nos separamos, yo cojo la ruta por la arista, más directa. Más directa, si, pero también más empinada, y a 4.500 se paga caro. Diez pasos, parada a respirar. Joder como cuesta. Diez pasos más, y a sentarse esta vez, que las piernas pesan demasiado.

Desde aqui el salar parece totalmente un mar de nubes, inmenso, precioso, del que asoman pequeñas montañas que en realidad son islas en medio de este mar salado y seco.

Nos volvemos a juntar en la arista final, hasta donde ya no se puede seguir más (la cima de verdad es casi inaccesible, aunque con tiempo y cuidado, quien sabe...) Hemos llegado! Para Gilbert y para mi es nuestro primer 5.000. Vale, es sólo un número pero hace ilu. Aunque no es nada comparado con el espectáculo del crater y la explosión de colores que contiene, junto a estar rodeados casi completamente por el Salar, impresionante.




Vuelta para abajo y rumbo a la Isla de los Cactus, donde cambiaremos de grupo. Lástima porque lo pasamos genial con la pareja de mexicanos y nuestra amiga holandesa. Buen viaje, chicos! Nuevo grupo y nuevo idioma, toca inglés. También lo pasaremos bien, hasta que ellos siguan viaje cruzando la frontera a Chile.

Flipamos con la isla, una montaña de coral fosilizado, cubierta por completo de cactus enormes, aunque muchos atacados por una enfermedad misteriosa. Y rodeados de inmensidad blanca.




A mi se me antojaba poco tiempo para disfrutar del salar y demasiado para el resto. Pero es que ese resto resulto ser por una región volcánica, desertica pero fascinante, especialmente el último dia. Formaciones de rocas, lagunas de colores sorprendentes, flamencos bañandose en azufre más que agua, geiseres y un baño termal a casi 0ºC al exterior que fue una gozada.


Vicuñas

Arbol de piedra

Bloque seccionado

Laguna Colorada, llena de flamencos

Luna y atardecer

Geiseres en la zona de Sol de Mañana

Caminando entre los geiseres

Disfrutando de la poza de aguas termales


Eider subiendose el Lucancabur de un salto
(anticipando la alegria por ese premio, tal vez?)

Y vuelta, más kilometros y kilometros, esta vez por de pista, disfrutando del masaje de Pachamama (el traqueteo del jeep, vaya); buena compañia y sorpresas hasta el final, como un inmenso mar de lava en le que daban ganas de quedarse unos dias a explorar. Pendiente para la vuelta!

Y fin.

Y para los que no hayan tenido bastante, algunas fotos más del cementerio de trenes de Uyuni, en Picasa (solo para viciosos de la fotografia).

jueves, 16 de septiembre de 2010

Titikaka


Y no Titicaca, diferencia que gusta resaltar a los quechuas y aymaras que viven por aquí.

Desde la selva de Iquitos vine en un viaje relámpago, via Lima, Nazca (con parada para ver las famosas líneas) y Arequipa, a fin de tener dias suficientes para conocer la zona antes de cruzar a Bolivia. Viajar en pocos dias desde los casi 0m de la selva hasta los 3.800 del Titikaka te garantiza problemas de mal de altura, en mi caso un tremendo dolor de cabeza el primer dia, que por suerte pasó al dia siguiente.

Aunque suene a obviedad, el lago es enorme, un auténtico mar interior. Visto desde Puno ya es muy grande, pero cuando luego ves un mapa, o sales a las islas del lago, te das cuenta de que lo que ves desde Puno es sólo una pequeña bahia.

La mejor forma de apreciarlo es desde las islas. Desde Puno se accede facilmente a las famosas islas de totora de los Uros, a la isla de Amantaní y a la de Taquile.

Las islas de los Uros, aunque pintorescas, son completamente turísticas; de hecho ya ni son uros sino quechuas, y la mitad (por lo menos) no viven alli, sino que van y vienen en el dia desde Puno para representar su “función”.

Bienvenidos a chiringuitolandia

Amantani y Taquile en cambio, aunque viven bastante del turismo, se mantienen más fieles a sus tradiciones y su modo de vida. Alojarse en cualquiera de ellas, en casas de familas locales (no hay hoteles), es una experiencia estupenda, aunque parece mentira como islas tan proximas tienen personalidades tan distintas.

Yo me apunte a un tour organizado, pasando noche en Amantaní, pero luego me quede una segunda noche por mi cuenta en Taquile.

Silvia y su hija en la cocina de la casa

Amantaní tiene dos cerros, y en cada cima un antiguo templo, uno dedicado a Pachamama (la madre tierra), otro a Pachatata (el polo masculino). Ver atardecer desde cualquiera de ellos es un espectáculo estupendo (mejor atardecer desde el primero, y amanecer desde el segundo).

Subiendo al templo de Pachamama de Amantaní

Guiri disfrazado de local, en la fiesta nocturna que te montán.

Taquile a cambio tiene más árboles, un pueblo central muy turistico, y una parte sur que es la joya de la isla.

En las dos las mujeres caminan por la isla mientras van hilando la lana en una rueca que llevan colgando mientras va girando.

Tejiendo con huesos de llama

Ambas están muy bien, pero si tengo que elegir me quedo con Taquile, me encantó el ambiente de la isla, super tranquilo, con caminos para andar sin rumbo fijo, sin saber muy bien a donde van pero al mismo tiempo sin perdida posible. Bastantes arboles y hasta un par de playas estupendas en las que soñar con un baño imposible, porque dejando de lado lo fria que está el agua, es Septiembre, que es cuando se empiezan a soplar los vientos fuertes; para disfrute de los niños de las islas, que sacan sus cometas en esta época.
Y también un montón de sitios donde sentarse a contemplar o rocas con fomas para dejar volar la imaginación.


Después de recoger a mi amigo Angel en La Paz, nos fuimos a visitar la que faltaba, la mítica Isla del Sol, cuna de los incas según las leyendas. Otra isla con su personalidad propia. Una parte sur para guiris, una norte donde están los centros míticos de las leyendas incas, y entre medias dos caminos principales que recorren la isla. Mucho mejor el que recorre la parte Este, pasando por pequeñas poblaciones y bahias.

Isla del Sol, el lago y la Cordillera Real boliviana al fondo

Filosofando?

Pero no todo son islas en el Titikaka, también hay rincones mágicos... para quien quiera buscarlos:

sábado, 28 de agosto de 2010

En barco hasta Iquitos

(Como siempre las entradas van acumulando cierto retraso, esta se corresponde con hace unas 2 semanas)


A Iquitos, en pleno centro de la selva, no se puede llegar por carretera. O llegas en avión, o en barco. Naturalmente mejor esta segunda opción, ¿que mejor forma de entrar en el corazón de la selva? Son tres dias de navegar por el rio y empaparse del ritmo pausado y tranquilo del barco. Y empaparse de sudor también, porque el calor aprieta que no veas, hasta dejarte completamente fundido.

Horas y horas de estar tumbado en la hamaca, viendo la orilla deslizarse lentamente por el horizonte.

Vida en el barco:


Aunque el rio aún no es el Amazonas (lo será poco antes de Iquitos), ya es enorme, unos doscientos metros de ancho. De vez en cuando paramos en algún poblado, momento en el que somos asaltados por vendedores de fruta fresca o pescado frito. Los poblados son siempre caóticos, elevados sobre una orilla abrupta, y no hay muelle para que se acerque el barco, este simplemente embarranca en la orilla ya que la proa es plana.

Vida en el rio:
El resto árboles y más árboles. De vez en cuando asoma algún poblado o una cabaña perdida entre el bosque, con su correspondiente canoa “aparcada” en el rio.

Entreteniendo a los locales mientras esperamos el barco en Lagunas

Ahora es temporada seca y el rio va bastante bajo. Eso significa que en cualquier momento el barco se puede quedar encallado. Ocurrio justo antes de que lo cogieramos para ir desde Lagunas a Iquitos (después de nuestra excursión por la selva). Lástima que no fuera después, casi que tenia ganas de seguir meciéndome en la cubierta...