lunes, 15 de noviembre de 2010

Valparaiso, Valpo para los amigos

“Valparaiso, qué disparate eres, qué loco, puerto loco, qué cabeza con cerros, desgreñada, no acabas de peinarte, nunca tuviste tiempo de vestirte, siempre te sorprendió la vida, te despertó la muerte en camisa.“
Pablo Neruda. Oda a Valparaiso.


Valparaiso, ciudad loca de urbanismo imposible. Basta salir a la calle cada mañana para sentir que puede pasar algo especial. Salvando los similes iniciales (que si Lisboa, que si San Francisco...), definitivamente no se puede comparar, Valpo es única.

Venir aquí ya formaba parte de un sueño de viaje allá hace mil años. Aún guardo una cinta con música de José Aitor, pensando en ese futuro viaje que ahora es presente.

Antes de salir de España ya tenia pensado parar aquí algún tiempo, y el viaje no hizo sino confirmar esa idea, en forma de necesidad de un buen descanso. Nada más llegar me quedé unos dias en un estupendo hostal en el cerro Bellavista, el Caracol. Más que “hostal”, es hostel –en inglés-, porque son sitios pensados claramente para viajeros extranjeros.
Buen ambiente y gente fantástica encontré allí.

Estampas del Barrio de Bellavista:

Pasaje Pasteur


Pero mi idea era quedarme más tiempo en Valpo y conocer más a gente chilena, y para eso el hostel no es lo mejor, aparte de ser más caro. Y medio de casualidad, hablando con Andrea, que prepara unos riquisimos jugos en su bar, me comenta que en su casa tienen una habitación libre, asi que alli que me voy. Así encontré la que seria mi residencia por un par de semanas: la casa hippie.

Y como es una casa hippie preguntareis? Pues por supuesto con su correspondiente perro (perra en este caso, Menta), y sus también correspondientes compañeras las pulgas. Tambien gato, precioso, pero esos dias un poco echo polvo después de alguna pelea nocturna.

Menta echandose la siesta en el jardín.

A la casa se llega después de bajar por unas escaleras, entrando por un gran patio-jardín-terraza, que se asoma sobre los cerros de la ciudad. Allí hay un horno, algunos frutales y una gran palmera, con restos de fogata de alguna fiesta. De ahí a la casa, una gran galeria acristalada que da al jardin por un lado y acceso a las habitaciones por otro. Todo lleno de de objetos curiosos, ambiente muy artístico, y una limpieza que ninguna madre aprobaria.

En la casa somos cinco fijos, un estudiante aleman, tres chilenas, y yo. Y mucha más gente que entra y sale, fiestas improvisadas, buena onda, y buenas comidas tambien preparadas espontaneamente, siempre hay alguien que se mete a la cocina y prepara algo para todo el mundo. Se de algún londinense que estaria muy a gusto aquí. Vida bohemia 100%.

El horno del jardín. Andrea prepara de vez en cuando buenísimas empanadas en él

La galeria-salón de la casa, con Menta y el gato echandose la siesta.

Trabajando desde la terraza, con las vistas de la ciudad

Como un perfecto resumen de la ciudad, en la que todo es muy artístico, muy loco, y muy cuatico (extraño, especial), cachai? (anglicismo de catch it? ) Y mucho, mucho carrete (fiesta), se nota que es ciudad universitaria, aunque es mucho más que eso.

Un buen cuadro de Valparaiso podria ser como una imagen del barrio de Bellavista, mientras esperaba el colectivo 39 para volver a casa: por Hector Calvo sube, caminando por medio de la calle, un chico tocando una mandolina, mientras por la calle perpendicular se acercan unas chicas que van ensayando unos pases de baile a lo Michael Jackson. Todo en medio de este barrio de calles empinadas y murales de colores.


En fin, dias de alegrias y tristezas. La principal de estas últimas, romper el objetivo de la cámara al poco de llegar. Ahhh, la pesadilla de cualquier (pseudo)fotógrafo, rodeado de sitios super fotogénicos y yo sin poder afotar! (*afotar=acción de sacar fotos indiscriminadamente; es un palabro del club de los viciosos de la fotografia). Y para colmo conseguir uno nuevo se revela como toda una odisea aquí.

Y alegrias: callejear por aquí, encontrar esta casa super hippie, con una vista estupenda, donde quedarme dos semanas, descansaaaaaar; uf, como lo necesitaba; sorry, ya se que es ironico esto para los que estais currando (:-P), pero es que de viajar también se cansa uno.

Más que bien, super bien (otra expresión local, está más de Santiago).


(Más fotos en flickr, sobre todo de murales callejeros de la ciudad: Galeria de Valparaiso)

domingo, 24 de octubre de 2010

San Pedro de Atacama


Dias melancolicos, con el Off He Goes de Pearl Jam de banda sonora de fondo (dadle al play y seguid leyendo, pasando del video, que es una mierda y no hace justicia a la canción).



Dicen que en el Salar de Atacama hay mucho litio, y que tal vez por eso la gente es tan tranquila y a los visitantes les invade la relajación. Sea o no cierto, hay una calma en el ritmo de la ciudad que invita a quedarse.

Hay dos tipos pobladores en San Pedro: los locales que viven del turismo, muy hippies ellos; y sus “victimas”, los guiris visitantes, a los que los primeros buscan con avidez, sea para apuntarles a hacer un tour, para que entren al restaurante, o para invitarles a alguna de las fiestas "clandestinas" que hay cada noche.
Bueno, a estos habria que añadir la gran cantidad de perros que viven tan felices en la calle, aunque esto es típico de todo Chile (y casi de Peru y Bolivia me atreveria a decir).


Una vez alli, si quieres ver las principales atracciones hay que apuntarse a un tour. Ufff, y yo hasta los cojones de los tours. Pero no queda otra. Así que Lagunas altiplanicas, lagunas en el Salar, geiseres y Valle de la Luna.

Lagunas altiplánicas:

Laguna

Flamenco

Fauna local

Valle de la luna
:


El problema es que después de haber visto Uyuni no pude evitar comparar (las siempre odiosas comparaciones), y por mucho que te vendan los chilenos y aunque esto está bien, no hay color.

Pero si hay dos cosas realmente especiales.

Por un lado el fantastico campo de geiseres de El Tatio, por supuesto con el posterior baño en aguas termales. El madrugón (se sale a las 4:30) y los –10ºC de la mañana se compensan de sobra. Aquí si me alegre de haber pagado un poco más por ir con una buena agencia, que te permitia estar más tiempo a tu aire; ¡la mayoria de las demás se volvieron justo antes de que saliera el sol, el mejor momento con diferencia!

Geiseres del Tatio

Macros

Y por otro, las lagunas de Cejar.

Como están bastante cerca (unos 20km) alquilé una bici para poder ir por la mañana, ya que todas las agencias van sólo por la tarde. Un buen paseo, aunque pinche la rueda antes de llegar, y note bastante la falta de practica en cambiarla, casi una hora alli tirado. Por supuesto en esos momentos, bajo el fuerte sol de Atacama, se te cruza en la cabeza de todo, especialmente quien #!?@# me mandará meterme a mi en estas aventuras.

Pero todo se olvida cuando llegué allí, solo. Y al poco de adentrarme encuentro esto:

Más que una laguna, un gran ojo del Salar, con su pupila azul y profunda. Caminas unos metros, con el agua hasta los tobillos, y entonces te lanzas a un pozo oscuro y sin fondo, ¡pero es imposible hundirse porque el agua es tan salada que flotas!
Indescriptible estar allí, tumbado en el agua, y rodeado de esos minusculos crustaceos que sirven de alimento a los flamencos (y les dan de paso ese color rosado).

Pero como la naturaleza es así de caprichosa, me regaló cuando volvia a mediodia otro pinchazo en la misma rueda (putos espinos del desierto), y esta vez sin cámara de repuesto... pero el cómo salí de ahí ya forma parte de otra historia.

viernes, 15 de octubre de 2010

Miscelánea

(Miscelánea: 1. Mixto, vario, compuesto de cosas distintas. 2. Escrito en que se tratan muchas materias inconexas y mezcladas).

Una vez más acumulo mucho retraso, esta vez más de un mes. Caray como pasa el tiempo. En parte ha sido porque tampoco estaba muy emocionado con lo visto hasta ahora, pero sobre todo porque estaba muuuuy perezoso. Pero bueno, aquí estoy, allá vamos.

Después de Chucuyo y el Parque Lauca tocó descanso en Arica, la primera ciudad importante del norte de Chile. Muchos déjà vu con Canarias, paisaje desértico, palmeras, brisa marina, la arquitectura, hasta el acento de la gente. Lo que iban a ser 2 o 3 dias se transformaron en casi una semana, en parte gracias a encontrar un hostal fantástico en el que te hacen sentir como de la familia (un saludito a la gente del Hostal Jardin del Sol).

Graffitis de Arica

Mucho relax, alguna excursión en bici por la costa para ver unos acantilados con cuevas cercanos; mucho contemplar el oleaje del Pacífico (que de su nombre tiene muy poco en esta zona).

Pacífico

Justo aquí, en Arica -como me contó Carlos, del hostal-, arranca la cordillera costera, que se prolonga practicamente por todo Chile hasta la lejana Chiloé, y que determina el clima desértico del interior al retener los aires húmedos del mar.

En el muelle del puerto, aparte de tomar riquisimo piure -un marisco local-, se pueden ver leones marinos y cientos de pelícanos que viven alli, otro buen sitio para "afotar".

Leones marinos. La cabeza de los machos es como un balon de pilates

Pelicanos en guardia

Leones marinos sobre una de las boyas de la bahia; verlos subirse es todo un espectáculo.

Cerca está un valle muy interesante, el de Azapa, con geoglifos (petrogligos a gran escala, como las líneas de Nazca, salvando las distancias claro) que servian de orientación a las antiguas caravanas de llamas que iban hacia los lejanos Tiwanaku y el Titikaka.


Además de por los geoglifos, la zona es famosa porque aquí se han encontrado algunas de las momias más antiguas del mundo, como 2.000 años anteriores a las de los antiguos egipcios. Incluso bajo algún edificio de la misma ciudad han aparecido cementerios enteros de momias enterradas en la arena.


De ahí a Iquique, otra ciudad costera, esta con cierto aire a Nueva Orleans, haciendo escala en el viaje hacia el sur.

Allí surgió una de las sorpresas más interesantes, la ciudad minera abandonada de Humberstone.

Por si sola ya daria para una entrada en el blog, sobre todo de fotografia. Fantasmagorica pero bien conservada, recorrer sus calles desiertas es dar un salto a un tiempo que debio ser muy duro, el de la extracción de salitre en medio del desierto. Pero al mismo tiempo prospero, como atestigua el gran teatro vacio, o la piscina, o los cientos de casas vacias que puede uno recorrer a su gusto.
Antiguos juguetes de los niños de Humberstone

Oxido

Maquinas de tren abandonadas en una calle, una casa museo llena de juguetes de niño hechos con alambre, esqueletos de antiguas fábricas... Y con el viento del desierto para terminar de ambientar la visita al lugar.

Realmente único.



martes, 12 de octubre de 2010

El bofedal de Lauca o rescate de una alpaca en apuros

Voy caminando como borracho, pisando monticulos herbosos que ceden a veces a mi peso, intentando evitar los hoyos ocultos del terreno. Es el bofedal del Parque Nacional Lauca. Después de un par de dias por la zona, hoy quería recorrerlo un poco.

El bofedal es una gran extensión llana y pantanosa, surcada por algunos riachuelos que bajan de las nieves perpetuas del Pomerane y el Parinacota, los gemelos volcanes Payachatas, que dominan la zona desde sus 6.300 metros. Todo está plagado de rebaños de llamas, alpacas, y muchisimas vicuñas, que fueron recuperadas después de estar casi en peligro de extinción en la zona; también vizcachas (familia de las liebres y conejos), guayatas (gansos salvajes) y flamencos que habitan en algunos pequeños lagos que se forman.

Los gemelos Payachatas

Alpacas (aunque el de atrás parece más su primo, el camello del Gobi)

A esta altura (4.500m) el sol es fuerte, y las noches frias, -14ºC estas últimas, y eso que ahora empieza la primavera y ya ha pasado lo más duro. Pero más fuerte aún es viento que se levanta a mediodia, despiadado, de esos que te llenan de polvo hasta las amigdalas.


Voy atravesando el bofedal camino ya hacia Parinacota, a ver si con un poco de suerte está hoy el hombre que tiene las llaves de su famosa iglesia.

En una charca grande veo una roca extraña. Cuando me acerco resulta que no es una piedra, es una joven alpaca que está atrapada en el cieno. Enseguida pienso que con los precedentes que he visto (cinco o seis esqueletos de llamas en el pantano), le quedan las horas contadas. Es duro ver agonizar a un animal así, de vez en cuando se revuelve intentando desastacarse, pero no consigue nada más que hundirse otro poco y cubrirse de fango y verde.


Los pastores que habia visto antes sobre el cerro bajan y se acercan. Quiero avisarles, pero ellos ya se han dado cuenta de lo que pasa, y sus carreras sobre el cerro eran en realidad para buscar una soga para intentar sacar al animal.

Después de varios intentos lanzando el lazo estilo cowboy, consiguen atraparla por el cuello, y sin más duda se ponen a tirar con fuerza del animal. Si no muere en el fango se la cargan ahorcándola, pienso, pero no hay otra opción.

Nada más sacarla el animal se queda tumbado, inánime, toda la energia que parecia tener intentando desatascarse del fango ha desaparecido y es incapaz de incorporarse.


Los pastores la ponen en posición sentada, y entonces empieza a tiritar de forma descontrolada, el aire aquí es fuerte y frio, y el bicho está empapado de cieno y agua. Intentan ponerla de pie, pero no tiene fuerzas, se deja caer.


Después de un rato el pastor más joven le pasa una cuerda por debajo, sujetando las patas. Y así atada empezamos a moverla (parece mentira lo que pesa un bicho de estos, y eso que este es un ejemplar joven y encima de alpaca, las llamas son mucho más pesadas); hay que acercarla a uno de los cerros cercanos, donde han hecho un hoyo en la arena, para ponerla dentro de él y cubrirla con esa misma arena, que está mucho más caliente, y así secarla más rápido y de paso protegerla del aire.

Casi una hora después la joven alpaca sigue temblando. Me cuentan que si en lugar de a mediodia hubiera sido unas horas más tarde no se habria podido hacer mucho por salvarla, porque el viento es más fuerte aún y además en cuanto se pone el sol la temperatura baja tan rápido que ya no habria tenido tiempo de secarse y moriria congelada.

No se la puede dejar sola para que se recupere a su aire, porque entonces seria presa fácil para el zorro o el puma. Así que allí nos quedamos, charlando. No, en España no hay llamas, alli sobre todo hay vacas y mucho chancho (cerdo), y también ovejas. Me cuentan historias del puma, que mata cinco o seis alpacas sólo por maldad, y que sólo se come el pecho y abandona el resto. Como me fascina ese animal, desde que lo vi en un triste zoo de Iquitos. Me encantaria ver uno libre, aunque con las historias que cuentan sobre su agresividad, mejor de lejos y al alcance del tele. Un par de dias antes de llegar yo aquí, uno de los trabajadores de Vladimir vio una pareja por la mañana, mientras esperaba en el camino a que pasaran a recogerle. Que envidia, aunque el acojone debe ser importante.

Puma en el zoo de Iquitos

Atosigo a la alpaca con la cámara, a ver si así la cabreo y se pone de pie de una vez. O eso o me pega un bocao. Pobre, por si no tiene bastante con lo suyo tiene que aguantar el contacto con estos desagradables humanos, uno de los cuales para colmo la mete una cámara hasta el hocico, que pesao.

Finalmente, y un poco a la fuerza, se pone de pie. Las patas le tiemblan como a un recién nacido, camina un poco y se vuelve a sentar, pero ya por su cuenta.

Parece que por esta vez se ha salvado, y dentro de un tiempo con un poco de suerte solo quedara en su cabeza el temor a esas traicioneras aguas pantanosas.

Happy end!

domingo, 10 de octubre de 2010

Chile!

Ocho de la tarde, o más bien de la noche, cerrada y oscura como boca de lobo; el autobus para y me bajo en medio de cuatro casas desoladas. El conductor me dice irónicamente “hay tienes tu hotel 5 estrellas”. Es Chucuyo, primer pueblo tras pasar la frontera norte, donde me quiero quedar unos dias para visitar el Parque Nacional Lauca.

Arrancan y se van. Menos mal que no me es desconocida esta sensación de verme abandonado en medio de ninguna parte. Cargo la mochila y me acerco a la única luz que se ve encendida encendida en todo el pueblo, no hay farolas que iluminen las calles. Veo que mi bajada del bus ha despertado la curiosidad de un par de cabezas que miran por la ventana. ¿Quién será el loco que para aquí a estas horas?

Después de 8 horas de viaje, 1 transbordo y 2 horas y media de espera en la aduana, por fin estoy en Chile. Por fin! Mi cuerpo llevaba gritandome desde hacia más de una semana que queria venir, que queria empezar a bajar al sur, cual bicho sintiendo su impulso migratorio.

Esas dos cabezas que curioseaban son las de las dos únicas personas que hay en el bar-restaurante-hostal, la encargada y un cliente. Pregunto el precio, es casi el doble de lo que dice la guia, regateo y lloro, me baja un poco, sigue siendo bastante pero que le vamos a hacer.

El sitio me sorprende, sencillo pero bien cuidado, cálido (que no caliente), acogedor. Nada más cerrar el precio, el contertuliano me pregunta “de que comunidad autónoma?”. Caray, pienso, si que se me nota el acento español. Pero no, es que ha estado viviendo hasta hace apenas un año en Murcia, ¡nada menos! Angelito, ya ves que Murcia es más conocida de lo que creias! Él es Vladimir, ella, la encargada del local, América.

Enseguida empezamos charla animada; todo es como una brisa de aire fresco, civilizado, amable, necesitaba este cambio. Vladimir ha estado trabajando cuatro años en el sur de España: chofer, albañil, camarero, ayudante de cocina... De Madrid a Murcia, pasando por Marbella, Churriana, Granada y Cartagena, ahí es ná. Ahora lleva una cuadrilla que se dedica a reparar las conducciones de agua que van a Arica, aunque tambien está abriendo un negocio de turismo por la zona. Me ofrece acompañarles al dia siguiente, tienen la suerte de meterse por pistas y caminos del parque que no son los habituales y puede estar bien. Quedamos para las 7:30.

Me voy a la habitación pensando que mira que es gracioso que el primer tio que me encuentro en Chile hable con acento mezcla de sevillano y malagueño.

A las habitaciones y el baño se accede desde el exterior. Al salir hace un frio que pela, abrir el candado para ir al baño es una pequeña tortura, el metal está realmente helado y me cuesta un buen rato abrirlo. La habitación es sencilla y muy básica, pero está bien, ordenada y limpia, salvo una buena capa de polvo que cubre todo (se cuela a raudales por las rendijas de la desvencijada puerta con el viento de la tarde). Me abrigo y pongo dos mantas extra sobre la cama. Una vez metido dentro es como si te hubieran hecho una llave de judo, las cinco mantas pesan tanto que casi no te dejan mover! Mientras escribo un poco el termómetro sobre la mesilla marca 4-5ºC. Y encima voy teniendo ganas de mear, a ver quien es el guapo que vuelve a salir. Está claro que esta noche toca botella-WC system!

A pesar de todo, ¡buena onda!