“Valparaiso, qué disparate eres, qué loco, puerto loco, qué cabeza con cerros, desgreñada, no acabas de peinarte, nunca tuviste tiempo de vestirte, siempre te sorprendió la vida, te despertó la muerte en camisa.“Pablo Neruda. Oda a Valparaiso.
Valparaiso, ciudad loca de urbanismo imposible. Basta salir a la calle cada mañana para sentir que puede pasar algo especial. Salvando los similes iniciales (que si Lisboa, que si San Francisco...), definitivamente no se puede comparar, Valpo es única.
Venir aquí ya formaba parte de un sueño de viaje allá hace mil años. Aún guardo una cinta con música de José Aitor, pensando en ese futuro viaje que ahora es presente.
Antes de salir de España ya tenia pensado parar aquí algún tiempo, y el viaje no hizo sino confirmar esa idea, en forma de necesidad de un buen descanso. Nada más llegar me quedé unos dias en un estupendo hostal en el cerro Bellavista, el Caracol. Más que “hostal”, es hostel –en inglés-, porque son sitios pensados claramente para viajeros extranjeros.
Buen ambiente y gente fantástica encontré allí.


Pero mi idea era quedarme más tiempo en Valpo y conocer más a gente chilena, y para eso el hostel no es lo mejor, aparte de ser más caro. Y medio de casualidad, hablando con Andrea, que prepara unos riquisimos jugos en su bar, me comenta que en su casa tienen una habitación libre, asi que alli que me voy. Así encontré la que seria mi residencia por un par de semanas: la casa hippie.
Y como es una casa hippie preguntareis? Pues por supuesto con su correspondiente perro (perra en este caso, Menta), y sus también correspondientes compañeras las pulgas. Tambien gato, precioso, pero esos dias un poco echo polvo después de alguna pelea nocturna.
A la casa se llega después de bajar por unas escaleras, entrando por un gran patio-jardín-terraza, que se asoma sobre los cerros de la ciudad. Allí hay un horno, algunos frutales y una gran palmera, con restos de fogata de alguna fiesta. De ahí a la casa, una gran galeria acristalada que da al jardin por un lado y acceso a las habitaciones por otro. Todo lleno de de objetos curiosos, ambiente muy artístico, y una limpieza que ninguna madre aprobaria.
En la casa somos cinco fijos, un estudiante aleman, tres chilenas, y yo. Y mucha más gente que entra y sale, fiestas improvisadas, buena onda, y buenas comidas tambien preparadas espontaneamente, siempre hay alguien que se mete a la cocina y prepara algo para todo el mundo. Se de algún londinense que estaria muy a gusto aquí. Vida bohemia 100%.
Como un perfecto resumen de la ciudad, en la que todo es muy artístico, muy loco, y muy cuatico (extraño, especial), cachai? (anglicismo de catch it? ) Y mucho, mucho carrete (fiesta), se nota que es ciudad universitaria, aunque es mucho más que eso.
Un buen cuadro de Valparaiso podria ser como una imagen del barrio de Bellavista, mientras esperaba el colectivo 39 para volver a casa: por Hector Calvo sube, caminando por medio de la calle, un chico tocando una mandolina, mientras por la calle perpendicular se acercan unas chicas que van ensayando unos pases de baile a lo Michael Jackson. Todo en medio de este barrio de calles empinadas y murales de colores.

En fin, dias de alegrias y tristezas. La principal de estas últimas, romper el objetivo de la cámara al poco de llegar. Ahhh, la pesadilla de cualquier (pseudo)fotógrafo, rodeado de sitios super fotogénicos y yo sin poder afotar! (*afotar=acción de sacar fotos indiscriminadamente; es un palabro del club de los viciosos de la fotografia). Y para colmo conseguir uno nuevo se revela como toda una odisea aquí.
Y alegrias: callejear por aquí, encontrar esta casa super hippie, con una vista estupenda, donde quedarme dos semanas, descansaaaaaar; uf, como lo necesitaba; sorry, ya se que es ironico esto para los que estais currando (:-P), pero es que de viajar también se cansa uno.
Más que bien, super bien (otra expresión local, está más de Santiago).

(Más fotos en flickr, sobre todo de murales callejeros de la ciudad: Galeria de Valparaiso)


















































