El bofedal es una gran extensión llana y pantanosa, surcada por algunos riachuelos que bajan de las nieves perpetuas del Pomerane y el Parinacota, los gemelos volcanes Payachatas, que dominan la zona desde sus 6.300 metros. Todo está plagado de rebaños de llamas, alpacas, y muchisimas vicuñas, que fueron recuperadas después de estar casi en peligro de extinción en la zona; también vizcachas (familia de las liebres y conejos), guayatas (gansos salvajes) y flamencos que habitan en algunos pequeños lagos que se forman.

En una charca grande veo una roca extraña. Cuando me acerco resulta que no es una piedra, es una joven alpaca que está atrapada en el cieno. Enseguida pienso que con los precedentes que he visto (cinco o seis esqueletos de llamas en el pantano), le quedan las horas contadas. Es duro ver agonizar a un animal así, de vez en cuando se revuelve intentando desastacarse, pero no consigue nada más que hundirse otro poco y cubrirse de fango y verde.

Después de varios intentos lanzando el lazo estilo cowboy, consiguen atraparla por el cuello, y sin más duda se ponen a tirar con fuerza del animal. Si no muere en el fango se la cargan ahorcándola, pienso, pero no hay otra opción.
Nada más sacarla el animal se queda tumbado, inánime, toda la energia que parecia tener intentando desatascarse del fango ha desaparecido y es incapaz de incorporarse.
Los pastores la ponen en posición sentada, y entonces empieza a tiritar de forma descontrolada, el aire aquí es fuerte y frio, y el bicho está empapado de cieno y agua. Intentan ponerla de pie, pero no tiene fuerzas, se deja caer.
Después de un rato el pastor más joven le pasa una cuerda por debajo, sujetando las patas. Y así atada empezamos a moverla (parece mentira lo que pesa un bicho de estos, y eso que este es un ejemplar joven y encima de alpaca, las llamas son mucho más pesadas); hay que acercarla a uno de los cerros cercanos, donde han hecho un hoyo en la arena, para ponerla dentro de él y cubrirla con esa misma arena, que está mucho más caliente, y así secarla más rápido y de paso protegerla del aire.
Casi una hora después la joven alpaca sigue temblando. Me cuentan que si en lugar de a mediodia hubiera sido unas horas más tarde no se habria podido hacer mucho por salvarla, porque el viento es más fuerte aún y además en cuanto se pone el sol la temperatura baja tan rápido que ya no habria tenido tiempo de secarse y moriria congelada.
No se la puede dejar sola para que se recupere a su aire, porque entonces seria presa fácil para el zorro o el puma. Así que allí nos quedamos, charlando. No, en España no hay llamas, alli sobre todo hay vacas y mucho chancho (cerdo), y también ovejas. Me cuentan historias del puma, que mata cinco o seis alpacas sólo por maldad, y que sólo se come el pecho y abandona el resto. Como me fascina ese animal, desde que lo vi en un triste zoo de Iquitos. Me encantaria ver uno libre, aunque con las historias que cuentan sobre su agresividad, mejor de lejos y al alcance del tele. Un par de dias antes de llegar yo aquí, uno de los trabajadores de Vladimir vio una pareja por la mañana, mientras esperaba en el camino a que pasaran a recogerle. Que envidia, aunque el acojone debe ser importante.
Puma en el zoo de Iquitos
Atosigo a la alpaca con la cámara, a ver si así la cabreo y se pone de pie de una vez. O eso o me pega un bocao. Pobre, por si no tiene bastante con lo suyo tiene que aguantar el contacto con estos desagradables humanos, uno de los cuales para colmo la mete una cámara hasta el hocico, que pesao.
Parece que por esta vez se ha salvado, y dentro de un tiempo con un poco de suerte solo quedara en su cabeza el temor a esas traicioneras aguas pantanosas.

















































